viernes, 18 de septiembre de 2026

TERAPIA DE PAREJA - Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?


Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090

PEDIR CITA

https://www.psicologavecindariomariajesus.com/ 


 Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?

“Ya no nos entendemos, discutimos por cualquier cosa y tenemos hijos. No sabemos si intentar arreglar nuestra relación o si sería mejor separarnos.”

Cuando una pareja tiene hijos, atravesar una crisis puede resultar especialmente difícil. A los problemas de la relación se añade una preocupación frecuente: ¿cómo está afectando todo esto a nuestros hijos?

Algunas parejas discuten continuamente. Otras prácticamente han dejado de discutir porque también han dejado de hablar de aquello que les preocupa. Hay parejas que continúan funcionando bien como padres, pero se sienten cada vez más distanciadas como pareja. Y también existen relaciones en las que los conflictos relacionados con la crianza, las responsabilidades domésticas, la falta de tiempo, los celos, la sexualidad, la familia extensa o una infidelidad terminan deteriorando progresivamente la convivencia.

Tener una crisis no significa necesariamente que una relación haya llegado a su fin. Sin embargo, cuando los problemas de pareja se repiten, no consiguen resolverse y empiezan a afectar a los hijos o al ambiente familiar, puede ser conveniente detenerse y valorar qué está ocurriendo.

Como Psicóloga General Sanitaria en Vecindario (Gran Canaria) y online, trabajo con adultos, parejas y familias que atraviesan dificultades de comunicación, distanciamiento emocional, crisis de pareja y problemas de convivencia.

¿Cómo saber si tenemos una crisis o un problema de pareja?

Todas las relaciones atraviesan momentos difíciles.

El desacuerdo forma parte de cualquier relación entre dos personas. Discutir ocasionalmente tampoco significa necesariamente que exista un problema psicológico o que la pareja necesite separarse.

La diferencia suele estar en cómo se gestionan los conflictos y qué sucede después de ellos.

Una pareja puede tener una discusión, expresar posiciones diferentes, calmarse y posteriormente hablar sobre lo ocurrido. Incluso sin estar completamente de acuerdo, puede llegar a compromisos y continuar adelante.

El problema aparece cuando los conflictos dejan de resolverse y comienzan a repetirse.

Surgen entonces frases como:

“Siempre acabamos hablando de lo mismo.”

“Ya no puedo decirte nada.”

“No me escuchas.”

“Todo te molesta.”

“Parece que te da igual lo que siento.”

“Hablemos de lo que hablemos, terminamos discutiendo.”

En estos casos, la discusión concreta puede ser solamente la parte visible de un problema más profundo.

¿Por qué discutimos siempre por las mismas cosas?

Muchas parejas creen que sus problemas se deben exclusivamente al asunto sobre el que discuten.

El dinero.

Las tareas domésticas.

Los horarios.

La educación de los hijos.

Las relaciones con las familias de origen.

El móvil.

Los celos.

La frecuencia de las relaciones sexuales.

El tiempo que pasan juntos.

Sin embargo, detrás de determinadas discusiones pueden existir otras necesidades o emociones que no están siendo expresadas de forma adecuada.

Una discusión sobre quién hace más cosas en casa puede estar relacionada con sentirse poco valorado.

Un conflicto por el tiempo que uno pasa con el móvil puede estar relacionado con sentirse ignorado.

Una discusión sobre los hijos puede esconder la sensación de que uno de los dos está afrontando solo la responsabilidad de la crianza.

Cuando únicamente se discute sobre el acontecimiento concreto, pero no se comprende qué está ocurriendo emocionalmente entre ambos, el mismo conflicto puede aparecer una y otra vez con diferentes motivos.

Problemas de pareja después de tener hijos

La llegada de los hijos supone un cambio importante en la organización de una pareja.

Aparecen nuevas responsabilidades, aumenta el cansancio, disminuye el tiempo disponible y es necesario tomar continuamente decisiones relacionadas con horarios, cuidados, normas y educación.

En algunas parejas comienza entonces un proceso progresivo de distanciamiento.

Dejan de tener espacios propios.

Las conversaciones giran casi exclusivamente alrededor de los niños y de las obligaciones cotidianas.

Uno puede sentir que lleva una mayor carga familiar mientras el otro considera que sus esfuerzos no son reconocidos.

Poco a poco, dos personas que anteriormente funcionaban como pareja pueden empezar a relacionarse principalmente como padre y madre, compañeros de casa o responsables de una organización familiar.

Esto no significa que tener hijos provoque problemas de pareja. Significa que la crianza puede hacer más visibles determinadas dificultades que anteriormente resultaban más fáciles de gestionar.

Cuando ya no discutimos, pero tampoco estamos bien

No todas las crisis de pareja se caracterizan por discusiones frecuentes.

En algunas relaciones sucede exactamente lo contrario.

Uno o ambos miembros han dejado de hablar de lo que sienten porque creen que cualquier conversación terminará mal o porque consideran que ya no merece la pena intentarlo.

Las conversaciones se vuelven funcionales:

“¿Quién recoge a los niños?”

“¿Qué compramos?”

“¿A qué hora llegas?”

“¿Qué hacemos mañana?”

La convivencia continúa, pero existe distanciamiento emocional.

Puede disminuir el afecto, la intimidad, el interés por compartir experiencias o la sensación de sentirse acompañado dentro de la relación.

Por eso, la ausencia de discusiones no significa necesariamente que una pareja esté bien.

A veces el silencio aparece después de muchos conflictos que no han encontrado solución.

¿Cómo pueden afectar los problemas de pareja a los hijos?

Una preocupación frecuente de los padres es intentar que los hijos no sepan que existen dificultades.

Evitar involucrarlos en los conflictos es importante. Sin embargo, los niños y adolescentes pueden percibir cambios en el ambiente familiar aunque los adultos no les expliquen lo que ocurre.

Pueden notar silencios, tensión, distanciamiento, cambios en las rutinas, falta de afecto o discusiones.

Esto no significa que cualquier problema entre los padres vaya a provocar necesariamente dificultades psicológicas en los hijos.

El impacto dependerá de múltiples factores: la intensidad y duración del conflicto, la edad del menor, la forma en que se gestionan las discusiones, la relación que mantiene con cada progenitor y la estabilidad que continúa existiendo en otros ámbitos de su vida.

Lo importante es evitar que los hijos terminen atrapados dentro del problema de pareja.

Discutimos delante de nuestros hijos: ¿qué podemos hacer?

Muchos padres se sienten culpables después de haber discutido delante de sus hijos.

Es preferible evitar las confrontaciones intensas en su presencia, especialmente cuando aparecen gritos, insultos, amenazas o descalificaciones.

Pero si el niño ha presenciado una discusión, fingir posteriormente que no ha ocurrido nada tampoco siempre es la mejor opción.

Dependiendo de su edad, puede ser útil explicarle de manera sencilla que los adultos han tenido un desacuerdo y dejar claro algo fundamental:

él no ha sido responsable de la discusión.

No necesita conocer los detalles íntimos de la relación ni saber quién tenía razón.

Necesita comprobar que los adultos se responsabilizan de sus propios problemas.

Cuando los hijos quedan en medio del conflicto

Una de las situaciones que conviene evitar especialmente es utilizar a los hijos como intermediarios.

Por ejemplo:

“Dile a tu padre que…”

“Pregúntale a tu madre por qué…”

“Cuéntame qué hizo tu padre cuando estabas con él.”

“Tu madre es la que ha decidido esto.”

El menor puede quedar situado en un conflicto de lealtades.

Quiere a ambos progenitores, pero puede sentir que acercarse a uno significa traicionar al otro.

También puede ocurrir que uno de los padres convierta al hijo, especialmente si es adolescente, en confidente de sus problemas sentimentales.

Un adolescente puede comprender muchas cosas sobre una relación adulta, pero eso no significa que deba asumir emocionalmente los problemas de pareja de sus padres.

Los hijos necesitan poder seguir siendo hijos.

Cuando discutimos por cómo educar a nuestros hijos

Las diferencias respecto a la crianza son otro motivo frecuente de conflicto.

Uno considera que el otro es demasiado permisivo.

El otro piensa que su pareja es excesivamente estricta.

Uno establece una consecuencia y el otro la retira.

Uno considera que debería existir una norma y el otro no la considera necesaria.

No es imprescindible que ambos progenitores piensen exactamente igual sobre todo.

Sin embargo, cuando los desacuerdos son continuos y se expresan delante de los hijos, pueden generar mensajes contradictorios y aumentar los conflictos familiares.

En estos casos puede ser necesario trabajar no solamente la comunicación de pareja, sino también criterios educativos, normas, límites y formas de ejercer conjuntamente las responsabilidades parentales.

“Seguimos juntos por nuestros hijos”

Esta frase aparece con frecuencia en parejas que llevan tiempo atravesando dificultades.

El temor es comprensible: muchos padres tienen miedo de que una separación perjudique a sus hijos.

Sin embargo, permanecer juntos y proporcionar estabilidad no son exactamente lo mismo.

Una convivencia caracterizada por hostilidad, tensión constante, descalificaciones o indiferencia también forma parte del ambiente en el que crecen los hijos.

Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Debemos continuar juntos por nuestros hijos?”

También conviene preguntarse:

“¿Qué tipo de convivencia estamos ofreciendo a nuestros hijos?”

Esto no significa que la respuesta tenga que ser separarse.

Significa que mantener la relación únicamente por miedo a las consecuencias de una separación no resuelve necesariamente aquello que está deteriorando la convivencia.

¿Y si no sabemos si queremos continuar juntos?

No todas las personas que buscan ayuda psicológica han decidido previamente salvar su relación.

En ocasiones uno quiere continuar y el otro tiene dudas.

O ambos están agotados y no saben qué quieren.

También puede existir afecto, pero mucho resentimiento acumulado.

En estos casos, precipitar una decisión puede no ser lo más útil.

Puede ser necesario comprender primero qué ha ocurrido en la relación, qué patrones se están repitiendo, qué necesidades tiene cada miembro y qué posibilidades reales de cambio existen.

La intervención psicológica no consiste en decir a una pareja si debe continuar junta o separarse.

La decisión corresponde a las personas implicadas.

Señales de que puede ser conveniente pedir ayuda psicológica

No es necesario esperar hasta que la relación esté completamente deteriorada.

Puede ser conveniente valorar ayuda profesional cuando:

  • discutís repetidamente por los mismos asuntos sin encontrar soluciones;
  • cada vez resulta más difícil hablar sin terminar en conflicto;
  • existe un distanciamiento emocional importante;
  • uno o ambos evitáis hablar para no discutir;
  • prácticamente toda la relación gira alrededor de las responsabilidades familiares;
  • existen desacuerdos constantes sobre la crianza;
  • se han acumulado resentimiento y reproches;
  • los hijos están quedando involucrados en las discusiones;
  • alguno de los hijos comienza a mostrar malestar coincidiendo con los conflictos familiares;
  • existe una crisis relacionada con celos, pérdida de confianza o infidelidad;
  • uno o ambos os planteáis la separación, pero no sabéis qué decisión tomar;
  • habéis intentado solucionar los problemas repetidamente y termináis volviendo al mismo punto.

Pedir ayuda no significa reconocer que la relación ha fracasado.

Puede significar simplemente que las estrategias utilizadas hasta ahora ya no están funcionando.

¿Qué se trabaja en terapia cuando hay problemas de pareja?

La intervención debe adaptarse a cada pareja. No existe una única técnica válida para todos los problemas.

Inicialmente resulta importante comprender qué está ocurriendo, cuándo comenzaron las dificultades y qué factores están manteniéndolas.

Dependiendo de cada situación, puede trabajarse sobre:

  • patrones de comunicación;
  • formas de expresar necesidades y emociones;
  • resolución de conflictos;
  • regulación emocional;
  • distanciamiento afectivo;
  • resentimiento acumulado;
  • celos y confianza;
  • consecuencias de una infidelidad;
  • establecimiento de límites;
  • reparto de responsabilidades;
  • intimidad;
  • dificultades relacionadas con la crianza;
  • protección de los hijos frente al conflicto.

El objetivo no es conseguir que una pareja no vuelva a tener desacuerdos.

El objetivo es desarrollar formas diferentes y más funcionales de afrontar esos desacuerdos.

¿Terapia de pareja u orientación familiar?

Aunque pueden estar relacionadas, no siempre responden exactamente a la misma necesidad.

En la terapia de pareja, el foco principal se sitúa en la relación entre ambos miembros: comunicación, vínculo, conflictos, confianza, intimidad o dificultades emocionales.

La orientación familiar puede resultar especialmente útil cuando el problema también está relacionado con la convivencia, la crianza, los límites, las normas o la forma en que los conflictos de los adultos están repercutiendo en los hijos.

En determinadas situaciones pueden abordarse ambos aspectos.

Lo importante es valorar qué está ocurriendo específicamente en cada familia.

Psicóloga en Vecindario y online para problemas de pareja con hijos

Cuando existen hijos, tomar decisiones sobre una relación puede resultar especialmente difícil.

A la tristeza, el enfado o el distanciamiento se añade el miedo a equivocarse y perjudicar a la familia.

No siempre es sencillo diferenciar qué pertenece al conflicto de pareja, qué está relacionado con la crianza y qué dinámicas se han ido consolidando con el tiempo.

Como Psicóloga General Sanitaria, atiendo problemas de pareja y familiares presencialmente en Vecindario (Gran Canaria) y online.

La primera valoración permite conocer vuestra situación, identificar las principales dificultades y determinar qué aspectos sería necesario trabajar.

No es imprescindible llegar a consulta sabiendo si queréis continuar juntos.

Puede acudirse precisamente porque no sabéis cómo resolver lo que está ocurriendo y necesitáis comprender mejor vuestra situación antes de tomar decisiones.

Si tenéis problemas de pareja, existen hijos y sentís que las dificultades están empezando a afectar a vuestra relación o a la convivencia familiar, podéis solicitar una primera consulta psicológica en Vecindario u online.

Preguntas frecuentes sobre problemas de pareja con hijos

¿Cuándo deberíamos acudir a terapia de pareja?

Puede ser conveniente cuando los mismos conflictos se repiten, la comunicación se ha deteriorado, existe un distanciamiento progresivo o los problemas empiezan a afectar significativamente a la convivencia y a la familia. No es necesario esperar hasta que la separación sea inminente.

¿Podemos acudir aunque uno de los dos tenga dudas sobre continuar la relación?

Sí. No es necesario haber decidido previamente continuar juntos. Las dudas sobre la relación también pueden formar parte de aquello que necesita comprenderse y trabajarse.

¿Los hijos tienen que acudir a consulta?

No necesariamente. En muchos casos puede comenzarse trabajando con los adultos. Si existen dificultades específicas en alguno de los hijos, se valorará de manera individual qué intervención puede ser adecuada.

¿Es malo discutir delante de los hijos?

Los desacuerdos forman parte de las relaciones. Sin embargo, las discusiones intensas, frecuentes, con descalificaciones o que sitúan a los hijos en medio del conflicto pueden resultar especialmente problemáticas. Es importante valorar tanto la intensidad como la forma en que se resuelven.

¿Es mejor seguir juntos por los hijos?

No existe una respuesta válida para todas las familias. El bienestar de los hijos no depende únicamente de que sus padres continúen viviendo juntos, sino también de la calidad de la convivencia, el nivel de conflicto, la estabilidad y el cuidado que reciben.

¿Puedo realizar las sesiones online?

Sí. La atención puede realizarse presencialmente en Vecindario o mediante consulta online, en función de las características y necesidades de cada caso.

 

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

 

martes, 18 de agosto de 2026

Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Proceso para crear metáforas. Enfoque PRR

   Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

 PROCESO PARA CREAR METÁFORAS: ENFOQUE (PROBLEMAS, RECURSOS Y RESULTADOS)

La secuencia para presentar la historia al paciente es la siguiente:

  1. Describe un problema análogo al del paciente
  2. Muestra cómo el personaje del relato obtiene los recursos necesarios para solucionar el problema.
  3. Se expone el resultado exitoso.

 

Es recomendable que el psicólogo procure tener claro cuál es el resultado pretendido y hacia dónde conducirá la historia. Una vez haya definido el resultado, resultará más sencillo averiguar qué recursos, capacidades o medios necesita el paciente (y el personaje de la metáfora) para conseguirlo, y determinar qué obstáculos se deben sortear en la misma.

Pasos en la aplicación de las metáforas terapéuticas

Paso 1. Centrarse en una valoración orientada a los resultados.

Se trata de definir claramente el objetivo y hacer que la historia progrese hacia su consecución. El terapeuta necesita realizar una valoración clara y precisa de lo que el paciente espera obtener con el tratamiento. Asimismo, hay que convertir los objetivos negativos expresados por el paciente en positivos. Por ejemplo, “Dejar de sentir pánico” por “Sentirme mentalmente tranquilo y físicamente relajado”

   Paso 2. Formular en enfoque PRR

Una vez planteado el objetivo, se trata de plantear qué se necesita para conseguirlo. Los recursos son los medios más precisos para lograr un fin. Se trata de valorar la capacidades existentes, utilizar las capacidades existentes, crear los recursos necesarios (los pacientes ya se habrán enfrentado a múltiples experiencias a lo largo de sus vidas y habrá aprendido a superar innumerables dificultades y retos), crear experiencias para hacer posible una nueva forma de aprender (beneficiarse de las experiencias de otras personas) y proporcionar alternativas para nuevos descubrimientos.

Para terminar, se analizan qué obstáculos o impedimentos necesita superar. Éste es el problema.

   Paso 3. Construir y presentar la metáfora.

Es recomendable planificar las metáforas de forma inversa al enfoque PRR (esto es, de los resultados a los problemas) No obstante, la metáfora se debe estructurar y narrar siguiendo el formato PRR: presentar el problema, a continuación, los recursos necesarios (esto es, los aprendizajes y descubrimientos requeridos), y por último, concluir con los resultados.

  1. Hay que crear un personaje que presente analogía con el paciente (edad, sexo, bagaje cultural, actividad laboral y tipos de intereses. O bien, un personaje que comparta unos rasgos de personalidad similares, un modo de pensar igual o unas mismas pautas de comportamiento.
  2. El relato puede guardar una analogía con el problema actual del paciente.
  3. La parte de la historia que presenta los recursos y capacidades del personaje ayuda al paciente a conocer las capacidades que ya posee, a reactivar habilidades pasadas o a desarrollar nuevos métodos para superar sus problemas actuales.
  4. Se le enseña a utilizar los recursos para alcanzar los resultados.
  5. En la fase final se describirá las experiencias y sentimientos que se tienen al haber alcanzado el objetivo, así como los beneficios que obtendrá el personaje de la historia.

   Paso 4. Observación y empleo del proceso de búsqueda.

   La metáfora tiene que proporcionarle los medios necesarios para facilitar que ese paciente avance hacia el objetivo deseado, pero hay que estar preparado para que el intento o el propósito que se persigue al narrar una historia no coincida con el que le atribuye el paciente.

   Paso 5. Ratificar la historia, validar el resultado y animar al paciente a continuar aprendiendo.


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

miércoles, 17 de junio de 2026

ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Principales sensaciones que notamos cuando estamos ansiosos

   


Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga online y en Vecindario especializada en Ansiedad

¿Qué es la Ansiedad?

 La ansiedad es el principal mecanismo de supervivencia con el que nacemos. Esta ahí porque ayuda a sobrevivir. La especie perdura gracias a la ansiedad.

Cada vez que percibimos peligro hay una serie de cambios en nuestro organismo que nos ponen en las mejores condiciones para ejecutar los dos tipos de comportamiento que aumentan las probabilidades de sobrevivir: luchar o escapar.

Cualquier situación nueva o mínimamente amenazante suscita ansiedad. Es

parte de nuestra dotación genética. Es uno de los mecanismos que la naturaleza y la evolución han diseñado para garantizar la supervivencia.

Todo empieza en nuestro cerebro. En cuanto percibimos peligro, esta señal de amenaza es recogida por una de las estructuras más antiguas de nuestro sistema nervioso central, que a su vez, genera unos mensajeros químicos, llamados neurotransmisores, que enervan nuestro sistema nervioso autónomo, y todo nuestro cuerpo se pone en acción para afrontar la amenaza. Cada una de las sensaciones corporales que notamos tiene como misión blindarnos y activar el programa de supervivencia.

 

Principales sensaciones que notamos cuando estamos ansiosos y su explicación en términos de respuesta de ansiedad.

 

Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, dolor en la región precordial.

Cuando nos ponemos ansiosos, el cuerpo se prepara para la actividad física. Los músculos se alimentan de azúcar y de oxígeno, y ambos elementos llegan a través de la sangre. El flujo sanguíneo tiene que aumentar y la forma de conseguirlo es que el corazón vaya más rápido. Cuando el corazón va a más velocidad durante un rato, según la susceptibilidad de cada persona, se pueden notar estas sensaciones.

 

Ahogo, mareo, dificultad para respirar, sensación de irrealidad, opresión en las sienes, cambios de calor a frío.

Como necesitamos más oxígeno, involuntariamente respiramos más rápido. Pero si este oxígeno extra no se usa haciendo actividad física, nos hiperventilamos. Es decir, hay mucho más oxígeno en la sangre del que necesitamos y aunque esto es totalmente inocuo puede provocar todas estas sensaciones y más.

 

Tensión muscular, dolor en la cabeza y espalda, contracturas, calambres, temblores y sensación de piernas débiles.

Cuando estamos ansiosos se supone que vamos a entrar en acción, a huir y a luchar. Ambos comportamientos implican intensa actividad física. Aunque no queramos, nuestros músculos se tensan. Si esta tensión se mantiene durante un buen rato sin que los músculos se usen en actividad física intensa, pueden aparecer todas estas sensaciones.

 

Sensación de irrealidad, percepciones extrañas, descontrol en los pensamientos

Cuando estamos relajados y bajo control, nuestro cerebro está gobernado por las zonas rectoras, principalmente por el neocórtex frontal. Pero cuando estamos muy ansiosos, son otras zonas las que toman el control, zonas tan antiguas que los neurólogos denominan el cerebro reptiliano. Son estructuras anatómicas que están en lo más profundo de nuestro cerebro como la amígdala y el locus coerelus. Cuando estas zonas toman el poder, el funcionamiento de nuestro cerebro cambia, es menos racional y está regido por

mecanismos más primarios. Hay gente, especialmente sensible, que nota claramente este cambio de programa y se sienten raros: no se reconocen a sí mismos o pueden percibir la realidad de manera distinta. No es peligroso, durará poco pero puede ser perturbador.

 

Boca seca, sensaciones en el estómago, náuseas, estreñimiento, diarrea.

Al ansiarnos, el sistema digestivo se paraliza. Comer es importante, pero lo es más para sobrevivir no ser devorado por un depredador.

Así que, el sistema digestivo cesa su actividad y, según en el punto que estemos en el proceso de alimentarnos, notaremos unas sensaciones u otras.

 

Cambios en la temperatura

Como la sangre se acumula en las vísceras y en los músculos, la temperatura interior aumenta. La gente ansiosa se queja de calor y cuando nuestra temperatura sube hasta un determinado punto, los sistemas de refrigeración se ponen en marcha y empieza el sudor.

Al mismo tiempo, el aporte de sangre a las zonas periféricas se reduce, con lo cual se puede notar frío en las extremidades, y el sudor tornarse frío cuando atraviesa la piel.

 

Pérdida de sensibilidad en zonas superficiales

Con el objetivo de no desangrarnos si somos heridos en la lucha, al estar ansiosos se produce una vasoconstricción en las venas y arterias cercanas a la piel. Al disminuir el riego sanguíneo nuestra piel se enfría y personas especialmente reactivas pueden sufrir pérdidas de sensibilidad e incluso parestesias, que se nos duerman las manos, la cara o los pies.

 

Cambios en la visión, sensación de que la luz molesta, manchas en la visión

En plena ansiedad, y con el objetivo de emplear nuestro campo visual para no ser sorprendidos por el enemigo, las pupilas se dilatan. Habitualmente la dilatación pupilar está controlada por la intensidad de la luz. Así pues, las pupilas pueden entrar en conflicto recibiendo dos mensajes contradictorios, el que proviene de la respuesta de ansiedad y el habitual que proviene del grado de luminosidad ambiental. Ante esta confusión, el mensaje que recibe nuestro cerebro es confuso y la calidad de las imágenes que se decodifica es muy baja.

 

 La ansiedad no puede hacer daño

Una característica genuina de la ansiedad es su corta durabilidad. Es un mecanismo muy potente que puede dispararse a altísimas intensidades pero nunca durar mucho. La explicación es muy sencilla. Cuando hay un peligro, la reacción no puede ser larga. Da igual si es luchar contra una fiera salvaje o esquivar a un coche. El desenlace ocurrirá rápido. Esta temporalidad corta está basada enlas características de nuestro sistema nervioso. El sistema nervioso autónomo, que da base biológica a todos los cambios corporales, bioquímicos y hormonales que producen la ansiedad, está a su vez basado en dos subsistemas: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El primero, el simpático, activa el proceso generando la ansiedad, y el segundo, el parasimpático lo controla. Este control va a provocar dos efectos: que no dure demasiado tiempo y que la intensidad del malestar no llegue a ser tan alta que nos pueda dañar. Lo que nos lleva a otra característica de la ansiedad que muy poca gente conoce: que es inocua, que no nos puede hacer daño.

 

Ansiedad ante situaciones que no son peligrosas

 

La ansiedad tiene su razón ser cuando afrontamos situaciones peligrosas, circunstancias en que nuestra vida corre realmente peligro, pura evolución. Pero, ¿qué pasa cuando el programa de ansiedad se conecta ante situaciones que no son peligrosas?

Aquí, en estos casos, no podríamos hablar de ansiedad, sino de trastornos de ansiedad. Un trastorno de ansiedad se podría definir como una reacción de ansiedad en principio adaptativa, saludable, que se activa ante una situación no peligrosa, ante una situación en que no debería activarse. Por ejemplo, una persona con fobia a volar, percibe un avión como una trampa mortal y al procesar ese escenario como peligroso, la vieja respuesta de ansiedad aparece.

La explicación a este proceso está en la conexión. El problema de esta persona no está en la bioquímica de su cerebro ni en que su sistema nervioso autónomo se haya desregulado, sino que a través de determinadas experiencias educativas, conectó volar con peligro inminente. Esta es la razón de todos los trastornos de ansiedad. Las personas que los sufren asociaron las situaciones que les producen miedo con catástrofe, con horror, con peligro. El problema siempre es la conexión, nunca la propia respuesta de ansiedad, que por sí misma es natural y saludable. Así pues, el tratamiento tendrá como objetivo no eliminar la respuesta de ansiedad, sino desconectarla de las situaciones aprendidas como peligrosas.

 

La ansiedad no es peligrosa

 

La ansiedad no es peligrosa, aunque sí incómoda y desagradable. No obstante, en personas especialmente sensibles y que llevan mucho tiempo sufriendo un

trastorno de ansiedad, podrían llegar a desarrollar algún desajuste psicofisiológico. Por ejemplo, sabemos que algunos problemas digestivos, como el colon irritable, pueden verse favorecidos por la ansiedad sostenida. O sucedería lo mismo con las cefaleas tensionales, la dermatitis atópica, el asma, o las alopecias. Probablemente lo que sucede es que la activación constante del programa de ansiedad acaba de alguna forma haciendo mella en el subsistema más débil de la persona. Un ejemplo que ayudará a comprender este proceso sería el que sucede en gente que hace demasiado ejercicio físico. El entrenamiento y el deporte son saludables, pero cuando se abusa de ellos, y no se respetan los tiempos de recuperación adecuados, pueden llegar a provocar pequeños desajustes biológicos.


RESERVA CITA ONLINE

 

Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


ANSIEDAD GENERALIZADA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Diagnóstico diferencial de la Ansiedad Generalizada y otros trastornos coexistentes

    


Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/


Psicóloga online y en Vecindario especializada en Ansiedad Generalizada

Diagnóstico diferencial de la Ansiedad Generalizada y otros trastornos coexistentes

Trastornos psicológicos que se pueden confundir con la ansiedad generalizada:

 

Trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno de ansiedad generalizada

Se diferencian en que:

  1. El contenido de los miedos en la ansiedad generalizada se centra en circunstancias de la vida diaria, mientras que en las obsesiones los miedos son más raros, extraños y fuera de lo habitual (religión, violencia, contaminación, sexo)
  2. El contenido de las preocupaciones en ansiedad generalizada encaja con el sistema de valores del individuo, mientras que en el trastorno obsesivo los pensamientos perturbadores chocan, son contrarios al sistema de valores.
  3. En la ansiedad generalizada predominan los pensamientos en forma de palabras mientras que en la obsesión es fácil también encontrar imágenes.
  4. La resistencia que las personas obsesivas ofrecen ante la necesidad de ritualizar es mayor que la ansiedad generalizada a la hora de realizar las conductas de seguridad.

Incluso teniendo en cuenta estas diferencias, la investigación sugiere que ambos trastornos tienen muchos elementos en común y que lo que los caracteriza es la absoluta tiranía de los pensamientos.

 

Fobia social y ansiedad generalizada

Se diferencian en que:

  1. El foco de los temores en la fobia social está centrado en el miedo a la descalificación, mientras que en el trastorno de ansiedad generalizada las preocupaciones giran en torno a una amplia gama de miedos que incluye, en algunos casos, la evaluación de los demás.
  2. En la fobia social las situaciones disparadoras son predominantemente

externas, mientras que en la ansiedad generalizada, aunque también hay situaciones externas, las internas son muy relevantes.

  1. La estrategia fundamental en la fobia social es la evitación, mientras que en la ansiedad generalizada las estrategias principales son los pensamientos neutralizadores, la distracción y la comprobación.

 

Comorbilidad

Los estudios muestran que la ansiedad generalizada coexiste en los mismos individuos con la fobia social, el trastorno de pánico, la fobia específica y diversos grados de depresión. Otros estudios muestran alta coexistencia con diferentes trastornos de personalidad: de evitación, dependiente y mixto.

Finalmente, también se han encontrado coincidencias con una amplia gama de trastornos médicos: síndrome de fatiga crónico, síndrome de colon irritable, cefaleas tensionales, hipertensión, diabetes y trastornos cardíacos.


RESERVA CITA ONLINE

 

Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


HIPOCONDRÍA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Diagnóstico diferencial en Hipocondría y trastornos coexistentes

   


Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga online y en Vecindario especializada en Hipocondría

 Diagnóstico diferencial de la Hipocondría y otros trastornos coexistentes

Trastornos psicológicos que se pueden confundir con la hipocondría:

Trastorno de pánico e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. En el pánico, la catástrofe temida (“infarto cerebral”) está sucediendo en ese mismo momento. En la hipocondría el desenlace final, la muerte, ocurrirá dentro de un tiempo, seguirá un largo proceso.
  2. El número de sensaciones físicas que activa los temores es mucho más amplio en la hipocondría que en el pánico.
  3. El tipo de creencias en hipocondría es más distorsionado que en el pánico, llegando incluso a la superstición (“si no pienso que es algo muy grave, lo será”).
  4. Las conductas de búsqueda de seguridad que predominan en la hipocondría son la reaseguración y la comprobación, mientras que en el pánico hay más evitación.

En cualquier caso, hay una alta coexistencia de los dos trastornos. El 70% de los hipocondríacos tienen ataques de pánico y más de un 50% de los que sufren un trastorno de pánico tienen un trasfondo hipocondríaco.

 

Trastorno obsesivo-compulsivo e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. La gama de eventos disparadores es más amplia en la hipocondría que en las obsesiones.
  2. Los eventos disparadores en obsesiones tienden a ser predominantemente externos.
  3. La conducta de seguridad más habitual en las obsesiones son los rituales, mientras que en la hipocondría son la reaseguración y la comprobación.

A pesar de estas diferencias, hay casos en los que la frontera entre ambos trastornos es muy fina, y podría resultar complicado inclinarse por uno de los dos diagnósticos.

 

Fobia a la enfermedad e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. Los fóbicos a la enfermedad tienen miedo a contraer la enfermedad, mientras que los hipocondríacos creen tener la enfermedad.
  2. Los eventos disparadores en la fobia a la enfermedad son externos mientras que en la hipocondría hay externos pero predominan los internos.
  3. La conducta de seguridad más habitual en la fobia a la enfermedad es la evitación y en la hipocondría la reaseguración y la comprobación

A pesar de que estas diferencias sobre el papel pueden parecer claras, no hay ni un solo hipocondríaco que no tenga también miedo a la enfermedad.

 

Coexistencia con otros trastornos

Con la hipocondría se han encontrado coexistencias con el trastorno de pánico, depresión y, en menor medida, en trastornos de personalidad.

A la hora de diseñar el plan terapéutico, como psicóloga especializada en Hipocondría realizado una exhaustiva evaluación psicológica en la que se pueda detectar una clara conexión funcional entre las diferentes áreas problemáticas. Una exhaustiva conceptualización de cada caso y el conocimiento de las características individuales de la persona son las que permitirán decidir el mejor orden de intervención.


RESERVA CITA ONLINE

 

Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


Psicóloga Vecindario online y presencial infantil adolescentes adultos mayores pareja y familia

Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de informes psicológicos

 Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de i...