viernes, 9 de octubre de 2026

DEPRESIÓN Y TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Enfoque sistémico

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 Terapia sistémica de pareja y depresión: cómo influye la relación en nuestro bienestar emocional

La depresión no afecta únicamente a la persona que la experimenta. En muchas ocasiones, también tiene consecuencias en sus relaciones más cercanas, especialmente en la relación de pareja. El distanciamiento emocional, las dificultades de comunicación, la pérdida de interés por las actividades compartidas y la sensación de incomprensión pueden modificar profundamente la convivencia.

Desde mi experiencia como psicóloga, considero importante comprender que la depresión no siempre puede abordarse teniendo en cuenta exclusivamente el sufrimiento individual. En determinados casos, también resulta útil explorar cómo se relacionan ambos miembros de la pareja, qué dificultades están experimentando y de qué manera pueden apoyarse durante el proceso de recuperación.

La terapia sistémica de pareja ofrece una perspectiva especialmente interesante para comprender estas situaciones.

La depresión desde una perspectiva sistémica

La terapia sistémica parte de la idea de que las personas nos desarrollamos y relacionamos dentro de diferentes sistemas, como la familia, la pareja y nuestro entorno social.

Esto no significa que la depresión sea necesariamente consecuencia de los problemas de pareja. Su origen puede estar relacionado con múltiples factores biológicos, psicológicos, sociales y personales.

Sin embargo, las relaciones afectivas pueden influir en cómo experimentamos el sufrimiento emocional y en los recursos que encontramos para afrontarlo.

En mi trabajo terapéutico considero importante diferenciar entre las causas que pueden haber contribuido al desarrollo de una depresión y las dinámicas relacionales que, sin ser necesariamente su origen, pueden estar dificultando la recuperación.

Cuando la depresión modifica la relación de pareja

Una persona que atraviesa un proceso depresivo puede experimentar tristeza persistente, apatía, irritabilidad, agotamiento, dificultades para disfrutar y una disminución de su disponibilidad emocional.

Su pareja puede interpretar estos cambios como una pérdida de interés, falta de cariño o rechazo personal.

Por ejemplo, una persona puede necesitar aislarse porque se encuentra emocionalmente agotada, mientras que su pareja interpreta ese aislamiento como una señal de que ya no desea compartir tiempo con ella.

A partir de ahí pueden aparecer sentimientos de inseguridad, frustración y soledad en ambos miembros.

En terapia considero fundamental ayudar a comprender que determinados comportamientos pueden estar relacionados con el sufrimiento depresivo y no necesariamente con una ausencia de amor.

Los círculos de interacción que mantienen el malestar

Uno de los aspectos que más me interesa del enfoque sistémico es el análisis de los patrones de interacción.

En ocasiones, las parejas desarrollan formas de relacionarse que, aunque inicialmente buscan solucionar un problema, terminan intensificando el malestar.

Imaginemos una situación frecuente:

Una persona deprimida comienza a aislarse y reduce las actividades compartidas. Su pareja, preocupada, insiste en que salga, se anime y participe en la vida cotidiana.

Cuanto mayor es la insistencia, más presionada puede sentirse la persona deprimida, que termina retirándose todavía más.

La pareja interpreta esa retirada como rechazo y aumenta sus intentos de acercamiento.

De esta manera se establece un círculo en el que ambos sufren, aunque sus comportamientos respondan a necesidades diferentes.

Mi objetivo terapéutico no es buscar culpables, sino ayudar a identificar estos patrones y encontrar formas de interacción que resulten más saludables para ambos.

La comunicación emocional como herramienta terapéutica

Cuando una pareja atraviesa una situación de depresión, la comunicación puede deteriorarse.

En ocasiones, uno de los miembros siente que no recibe suficiente apoyo, mientras el otro experimenta que sus esfuerzos nunca son suficientes.

Pueden aparecer reproches, silencios prolongados, respuestas defensivas o discusiones que terminan aumentando la distancia emocional.

Desde mi enfoque terapéutico trabajo la importancia de aprender a expresar las emociones y necesidades de manera clara, respetuosa y comprensible.

No se trata únicamente de hablar más, sino de aprender a escucharse de una forma diferente.

Considero especialmente importante que ambos puedan reconocer el sufrimiento del otro sin sentir que hacerlo supone renunciar a sus propias necesidades.

Recuperar la conexión emocional

La depresión puede provocar que desaparezcan progresivamente pequeños momentos de conexión que antes formaban parte de la relación.

Las conversaciones agradables, las muestras espontáneas de afecto, las actividades compartidas o los momentos de intimidad pueden verse reducidos.

En estos casos, considero útil trabajar en la recuperación gradual de experiencias positivas dentro de la pareja.

No se trata de exigir a la persona deprimida que se comporte como antes ni de imponer actividades para las que todavía no se encuentra preparada.

Se trata de buscar pequeños espacios de encuentro adaptados a las posibilidades emocionales de ambos.

En ocasiones, compartir un paseo, mantener una conversación tranquila o expresar un reconocimiento sincero puede contribuir a recuperar la sensación de cercanía.

Estos cambios pueden parecer pequeños, pero pueden tener un significado importante cuando una pareja lleva tiempo experimentando distanciamiento emocional.

El riesgo de convertir a la pareja en terapeuta

Otro aspecto que considero fundamental es evitar que uno de los miembros asuma toda la responsabilidad del bienestar psicológico del otro.

Cuando una persona atraviesa una depresión, su pareja puede intentar ayudar constantemente, controlar su estado emocional o responsabilizarse de que mejore.

Aunque estas conductas puedan surgir de la preocupación y el cariño, también pueden generar agotamiento, dependencia o sentimientos de culpa.

La pareja puede ofrecer acompañamiento, comprensión y apoyo, pero no tiene la obligación ni la capacidad de resolver por sí sola el sufrimiento depresivo.

Por eso considero importante establecer límites saludables y preservar el bienestar emocional de ambos.

La importancia de atender las necesidades individuales

La terapia sistémica de pareja no sustituye necesariamente a la intervención psicológica individual.

En determinados casos puede resultar conveniente combinar ambas modalidades de atención, especialmente cuando existen síntomas depresivos importantes, experiencias traumáticas, dificultades personales previas o necesidades clínicas específicas.

También es fundamental valorar la gravedad de los síntomas y la posible necesidad de atención médica o psiquiátrica.

Mi forma de entender la intervención psicológica parte de una visión integradora: atender a la persona, comprender su historia y explorar las relaciones que forman parte de su vida.

La pareja puede constituir un recurso importante durante la recuperación, pero el tratamiento debe adaptarse a las necesidades particulares de cada situación.

¿Puede la terapia de pareja ayudar cuando existe depresión?

Sí. En determinadas circunstancias, la terapia de pareja puede contribuir a mejorar la comunicación, reducir los conflictos, aumentar el apoyo emocional y modificar dinámicas que intensifican el malestar.

No obstante, es importante valorar previamente si la intervención conjunta resulta adecuada.

Cuando existen situaciones de violencia, intimidación, control coercitivo o falta de seguridad, la terapia de pareja convencional puede no ser recomendable. En estos casos, la prioridad debe ser la protección y la atención individualizada.

Mi perspectiva sobre la depresión y las relaciones afectivas

Como psicóloga, considero que comprender la depresión implica mirar más allá de los síntomas.

Detrás del aislamiento, la irritabilidad o la pérdida de interés puede existir un sufrimiento emocional que necesita ser comprendido y atendido.

También considero importante escuchar a la pareja de la persona deprimida, porque puede estar experimentando sentimientos de impotencia, tristeza, miedo o agotamiento.

No se trata de determinar quién está sufriendo más, sino de comprender qué necesita cada persona y cómo pueden relacionarse de una manera que no aumente el sufrimiento de ninguno de los dos.

Desde esta perspectiva, la terapia puede convertirse en un espacio para recuperar la comunicación, comprender las necesidades emocionales y construir formas de apoyo más saludables.

Atención psicológica para la depresión y las dificultades de pareja

Soy María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria. Ofrezco atención psicológica individual y terapia de pareja, tanto presencial en Vecindario (Gran Canaria) como online.

Trabajo desde un enfoque integrador, adaptando la intervención a las características y necesidades de cada persona y de cada relación.

Si estás atravesando una situación de depresión o estás experimentando dificultades emocionales en tu relación de pareja, la atención psicológica puede ayudarte a comprender lo que está ocurriendo y encontrar nuevas herramientas para afrontarlo.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

jueves, 8 de octubre de 2026

TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Padres emocionalmente inmaduros: consecuencias en la vida adulta

  


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Crecer con padres emocionalmente inmaduros: cómo puede influir en nuestra vida adulta

Por María Jesús Suárez Duque | Psicóloga General Sanitaria

No todas las heridas emocionales de la infancia están relacionadas con experiencias evidentes de maltrato, abandono o situaciones traumáticas.

En ocasiones, una persona puede haber crecido en una familia donde recibió alimentación, educación, cuidados materiales y protección, pero donde sus necesidades emocionales no encontraron suficiente comprensión, reconocimiento o acompañamiento.

Esta es una cuestión que considero especialmente importante desde la psicología, porque nos ayuda a comprender que el bienestar emocional de un niño no depende únicamente de que sus necesidades físicas estén cubiertas.

Los niños también necesitan sentirse escuchados, comprendidos, aceptados y emocionalmente seguros.

La psicóloga clínica Lindsay C. Gibson, en su libro Adult Children of Emotionally Immature Parents (Hijos adultos de padres emocionalmente inmaduros), analiza cómo las dificultades emocionales de los progenitores pueden influir en el desarrollo psicológico de sus hijos y en las relaciones que establecen durante la edad adulta.

A partir de sus aportaciones, quiero compartir algunas reflexiones sobre cómo estas experiencias pueden afectar a nuestra autoestima, nuestra manera de relacionarnos y nuestra capacidad para reconocer y expresar lo que sentimos.

¿Qué significa crecer con padres emocionalmente inmaduros?

Cuando hablamos de inmadurez emocional no nos referimos necesariamente a personas que no quieren a sus hijos.

Un padre o una madre puede sentir afecto por ellos y, al mismo tiempo, presentar dificultades para comprender sus emociones, reconocer sus necesidades o responder de manera adecuada cuando experimentan miedo, tristeza, frustración o inseguridad.

Lindsay Gibson describe diferentes características que pueden aparecer en estos progenitores, como la dificultad para mostrar empatía, las respuestas emocionales impredecibles, la rigidez, la tendencia a centrarse en sus propias necesidades o la incapacidad para reconocer determinados errores.

Desde mi perspectiva, considero importante comprender que estas características no constituyen por sí mismas un diagnóstico psicológico.

Tampoco significa que cualquier padre que haya cometido errores durante la crianza deba considerarse emocionalmente inmaduro.

Todos podemos equivocarnos en nuestras relaciones familiares.

Lo que resulta especialmente relevante es observar si determinadas dificultades se mantienen en el tiempo y cómo afectan a las necesidades emocionales de los hijos.

Un niño no necesita padres perfectos, pero sí adultos que puedan reconocer sus emociones, acompañarlo y ofrecerle una relación suficientemente segura.

La soledad emocional durante la infancia

Una de las aportaciones de Gibson que considero más interesantes es el concepto de soledad emocional.

Podemos imaginar a un niño que vive acompañado de su familia, asiste al colegio, participa en actividades y recibe cuidados cotidianos.

Desde fuera, aparentemente no le falta nada.

Sin embargo, cuando siente tristeza, miedo o preocupación, descubre que sus emociones no encuentran una respuesta comprensiva.

Quizá escucha expresiones como:

«No tienes motivos para llorar».

«Siempre estás exagerando».

«Eso no es para tanto».

«Deja de quejarte».

Cuando estas respuestas se repiten, el niño puede aprender que expresar lo que siente no sirve de nada o que sus emociones resultan molestas para los demás.

Con el tiempo, puede comenzar a ocultarlas, minimizar sus necesidades o intentar resolver sus dificultades sin pedir ayuda.

Lo que me parece especialmente importante es comprender que la soledad emocional no depende únicamente de estar físicamente solo, sino también de sentirse incomprendido o emocionalmente desconectado de las personas significativas.

Estas experiencias no afectan de la misma manera a todos los niños, pero en algunos casos pueden influir en la manera de relacionarse durante la vida adulta.

Cuando un niño aprende a responsabilizarse de las emociones de sus padres

En determinadas familias, los hijos pueden asumir responsabilidades emocionales que no corresponden a su etapa de desarrollo.

Por ejemplo, un niño puede sentirse obligado a tranquilizar a su madre cuando está angustiada, mediar en las discusiones familiares o evitar expresar sus propios problemas para no preocupar a sus progenitores.

En psicología, este fenómeno puede relacionarse con la parentificación emocional.

El niño deja de ocupar exclusivamente su lugar como hijo y comienza a desempeñar funciones de apoyo emocional hacia los adultos.

No significa que escuchar ocasionalmente a nuestros padres o preocuparnos por ellos sea perjudicial.

La dificultad aparece cuando esta responsabilidad se vuelve excesiva, continuada o inadecuada para la edad del niño.

En la vida adulta, algunas personas que han vivido estas experiencias pueden sentir que deben estar permanentemente disponibles para los demás.

Pueden experimentar culpa cuando dicen que no, cuando expresan desacuerdos o cuando necesitan dedicar tiempo a sí mismas.

Aprender a cuidar de los demás es importante, pero también necesitamos aprender que nuestras propias necesidades merecen atención.

La necesidad de aprobación y el miedo a decepcionar

Otra de las cuestiones que aborda Gibson es cómo algunos niños aprenden a adaptar su comportamiento para conseguir aceptación.

Pueden descubrir que reciben mayor reconocimiento cuando son obedientes, responsables, complacientes o cuando cumplen determinadas expectativas familiares.

De esta manera, comienzan a prestar más atención a lo que los demás esperan de ellos que a sus propios sentimientos.

En la edad adulta, este aprendizaje puede manifestarse mediante una necesidad intensa de aprobación.

La persona puede experimentar dificultades para tomar decisiones sin consultar a otros, expresar opiniones diferentes o establecer límites.

En ocasiones, incluso puede sentir que está haciendo algo incorrecto cuando prioriza sus propias necesidades.

Desde mi perspectiva, resulta importante explorar qué significado tiene para esa persona decepcionar a alguien.

¿Teme perder su afecto?

¿Siente que debe responsabilizarse de su bienestar?

¿Ha aprendido que expresar desacuerdos puede provocar rechazo?

Comprender estas experiencias puede ayudar a reconocer patrones que se han mantenido durante años.

El niño que aprende a ser fuerte y no pedir ayuda

No todas las personas que crecen en entornos emocionalmente poco disponibles desarrollan una dependencia manifiesta de los demás.

Algunas aprenden precisamente lo contrario: a mostrarse excesivamente autosuficientes.

Pueden acostumbrarse a resolver sus dificultades sin compartirlas, evitar expresar vulnerabilidad o sentir incomodidad cuando alguien intenta ayudarlas.

Desde fuera, pueden parecer personas especialmente independientes y seguras.

Sin embargo, en algunos casos esta autosuficiencia puede estar relacionada con experiencias tempranas en las que pedir ayuda no generaba una respuesta satisfactoria.

Considero importante diferenciar entre una autonomía saludable y la dificultad para confiar emocionalmente en otras personas.

Ser independiente no significa que tengamos que afrontar todas nuestras dificultades en soledad.

La capacidad de pedir apoyo cuando lo necesitamos también forma parte de una regulación emocional saludable.

¿Cómo pueden influir estas experiencias en nuestras relaciones de pareja?

Las relaciones afectivas que establecemos durante la infancia pueden influir en nuestras expectativas sobre la cercanía emocional, la confianza y la disponibilidad de los demás.

Por eso, algunas personas que crecieron sintiendo que sus necesidades no eran suficientemente reconocidas pueden experimentar dificultades en sus relaciones adultas.

Por ejemplo, pueden sentir miedo al abandono, necesidad de aprobación, dificultades para expresar desacuerdos o tendencia a responsabilizarse excesivamente del bienestar de su pareja.

Otras pueden sentirse atraídas repetidamente por personas emocionalmente distantes.

En determinadas situaciones, una persona puede esforzarse continuamente por conseguir atención y afecto, incluso cuando la relación no resulta suficientemente recíproca.

Sin embargo, considero fundamental recordar que nuestras experiencias infantiles pueden influir en nuestra manera de relacionarnos, pero no determinan inevitablemente nuestras relaciones futuras.

Las experiencias posteriores, los vínculos seguros, los recursos personales y el trabajo psicológico pueden contribuir a desarrollar formas de relación diferentes.

La esperanza de que algún día nuestros padres cambien

Uno de los planteamientos más interesantes de Lindsay Gibson es lo que denomina la fantasía de sanación.

Se refiere a la esperanza de que, si conseguimos comportarnos de determinada manera, nuestros padres finalmente nos ofrecerán el reconocimiento, la comprensión o el afecto que hemos necesitado.

Por ejemplo, una persona puede pensar:

«Si consigo tener éxito profesional, mi padre estará orgulloso de mí».

«Si hago todo lo que mi madre espera, dejará de criticarme».

«Si consigo explicarle cómo me siento, finalmente me comprenderá».

Estas expectativas pueden mantenerse durante muchos años.

En ocasiones, la persona adulta continúa esforzándose por conseguir una respuesta emocional que sus progenitores tienen dificultades para ofrecer.

Esto puede generar frustración, tristeza y sentimientos de insuficiencia.

Desde mi perspectiva, uno de los aspectos importantes del proceso de recuperación consiste en aprender a diferenciar entre aquello que deseamos recibir y aquello que realmente podemos esperar de una relación.

Aceptar las limitaciones emocionales de nuestros padres puede resultar doloroso, pero también puede ayudarnos a dejar de responsabilizarnos de cambiar su comportamiento.

Aprender a establecer límites sin sentirnos culpables

Las personas que han crecido intentando satisfacer constantemente las expectativas familiares pueden experimentar dificultades para establecer límites durante la vida adulta.

Decir que no, expresar desacuerdos o tomar decisiones personales puede generar sentimientos de culpa.

En ocasiones, pueden interpretar que están siendo egoístas cuando necesitan proteger su bienestar emocional.

Sin embargo, considero importante recordar que establecer límites no significa necesariamente rechazar a nuestros familiares.

Podemos querer a nuestros padres y, al mismo tiempo, reconocer que determinadas conversaciones, exigencias o comportamientos nos afectan negativamente.

Podemos mostrar comprensión hacia sus dificultades sin asumir la responsabilidad de resolverlas.

También podemos tomar decisiones personales aunque no coincidan con sus expectativas.

El afecto y el respeto hacia nuestros padres no deberían exigir que renunciemos permanentemente a nuestras propias necesidades.

¿Es necesario romper la relación con nuestros padres para recuperarnos emocionalmente?

Esta es una cuestión que considero importante aclarar.

Reconocer que determinadas experiencias familiares nos han afectado no significa que necesariamente debamos distanciarnos o romper el vínculo con nuestros progenitores.

Cada historia familiar es diferente.

Algunas personas pueden mejorar sus relaciones estableciendo límites, modificando expectativas y desarrollando formas de comunicación más saludables.

Otras pueden necesitar una mayor distancia emocional o física para proteger su bienestar.

Y también existen situaciones en las que resulta posible reconstruir aspectos de la relación.

No considero adecuado plantear una única respuesta válida para todas las personas.

Lo importante es comprender qué está ocurriendo, cómo afecta a nuestro bienestar y qué decisiones resultan más adecuadas en nuestras circunstancias.

Recuperar nuestra identidad y reconocer nuestras necesidades

Gibson plantea que algunos hijos de padres emocionalmente inmaduros desarrollan una identidad muy vinculada a los papeles que aprendieron a desempeñar durante la infancia.

Pueden convertirse en personas que siempre ayudan, que evitan los conflictos, que intentan agradar o que sienten que deben mostrarse fuertes en cualquier circunstancia.

Con el paso del tiempo, puede resultar difícil distinguir entre aquello que realmente desean y aquello que han aprendido a hacer para conseguir aceptación.

Por eso considero importante trabajar el reconocimiento de nuestras propias necesidades.

Preguntarnos qué sentimos, qué queremos, qué nos preocupa y qué decisiones deseamos tomar puede parecer sencillo, pero para algunas personas representa un aprendizaje emocional importante.

También puede ser necesario aprender a tolerar que los demás no siempre estén de acuerdo con nuestras decisiones.

Desarrollar una identidad más autónoma no significa dejar de preocuparnos por otras personas.

Significa encontrar un equilibrio entre el cuidado de los demás y el respeto hacia nosotros mismos.

Comprender nuestra infancia sin convertirla en una explicación de todo

Cuando reflexiono sobre las aportaciones de Lindsay Gibson, considero especialmente importante evitar interpretaciones excesivamente deterministas.

Nuestra historia familiar puede influir considerablemente en nuestro desarrollo emocional, pero no constituye la única explicación de nuestras dificultades psicológicas.

En nuestra manera de sentir, pensar y relacionarnos intervienen múltiples factores: experiencias personales, características individuales, relaciones posteriores y circunstancias vitales.

Por eso, comprender la infancia no debería convertirse en una búsqueda de culpables ni en una explicación automática de todos los problemas actuales.

El objetivo es identificar experiencias que puedan ayudarnos a comprender determinados patrones emocionales y relacionales.

También considero importante reconocer que nuestros padres pueden haber tenido sus propias dificultades, limitaciones y experiencias de crianza.

Comprender estas circunstancias no significa justificar comportamientos perjudiciales, pero puede permitirnos desarrollar una visión más amplia de la historia familiar.

¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica?

Cuando una persona identifica dificultades relacionadas con la autoestima, el miedo al rechazo, la necesidad de aprobación o la incapacidad para establecer límites, el acompañamiento psicológico puede ayudar a explorar estos patrones.

En terapia podemos trabajar el reconocimiento de las emociones, las necesidades personales y las experiencias relacionales que han influido en nuestra manera de interpretar determinadas situaciones.

También podemos abordar sentimientos de culpa, inseguridad, miedo al abandono o dificultades para expresar desacuerdos.

Desde un enfoque integrador, considero importante adaptar el proceso a las circunstancias y necesidades de cada persona.

No todas las dificultades actuales tienen su origen en la infancia y no todas las personas necesitan realizar el mismo trabajo terapéutico.

La finalidad es favorecer una mayor comprensión emocional, desarrollar recursos personales y construir relaciones más satisfactorias.

Mi reflexión final: comprender nuestra historia para relacionarnos de otra manera

Una de las ideas que considero más valiosas del libro de Lindsay Gibson es que podemos haber aprendido durante la infancia determinadas formas de relacionarnos que, aunque en su momento nos ayudaron a adaptarnos al entorno familiar, pueden generar dificultades durante la vida adulta.

Aprender a complacer, evitar los conflictos, ocultar nuestras emociones o responsabilizarnos del bienestar de los demás puede convertirse en una manera habitual de relacionarnos.

Sin embargo, estos patrones no tienen por qué mantenerse indefinidamente.

Comprender cómo se desarrollaron puede ayudarnos a reconocerlos y comenzar a modificarlos.

También considero importante recordar que nuestros padres no necesitan haber sido perfectos para que podamos reconocer aspectos positivos de nuestra historia familiar, del mismo modo que haber recibido cuidados y afecto no significa que todas nuestras necesidades emocionales hayan sido atendidas.

Ambas realidades pueden coexistir.

Comprender nuestra infancia no significa quedarnos atrapados en el pasado, sino reconocer cómo determinadas experiencias pueden estar influyendo en nuestro presente y desarrollar nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Atención psicológica en Vecindario y online

Si experimentas dificultades para establecer límites, sentimientos frecuentes de culpa, miedo al rechazo, inseguridad emocional o problemas en tus relaciones familiares y de pareja, la atención psicológica puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo.

Como Psicóloga General Sanitaria, ofrezco acompañamiento psicológico a personas adultas en mi consulta de Vecindario (Gran Canaria) y mediante terapia online.

Mi trabajo se orienta a comprender las dificultades emocionales desde una perspectiva individualizada, teniendo en cuenta la historia personal, las experiencias relacionales y las necesidades actuales de cada persona.

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
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Referencia bibliográfica

Gibson, L. C. (2015). Adult Children of Emotionally Immature Parents: How to Heal from Distant, Rejecting, or Self-Involved Parents. New Harbinger Publications.

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TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Por qué ocurre una infidelidad y cómo superar sus consecuencias


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 ¿Por qué se produce una infidelidad y cómo afrontar sus consecuencias emocionales? Una reflexión desde la psicología

Por María Jesús Suárez Duque | Psicóloga General Sanitaria

La infidelidad es una de las experiencias que pueden generar mayor sufrimiento emocional dentro de una relación de pareja. Descubrir que la persona en quien hemos depositado nuestra confianza ha mantenido una relación afectiva o sexual con alguien más puede provocar una profunda sensación de desconcierto, inseguridad y pérdida de confianza.

Una de las preguntas que suelen aparecer ante estas situaciones es: ¿por qué una persona es infiel si afirma que quiere a su pareja?

Esta cuestión me parece especialmente interesante desde la psicología, porque nos invita a reflexionar sobre las diferencias entre el amor, el deseo, el compromiso y las decisiones personales.

El psicólogo Walter Riso, en su libro Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja, analiza diferentes aspectos relacionados con la infidelidad, sus posibles motivaciones y las consecuencias emocionales que puede experimentar la persona traicionada.

A partir de sus aportaciones, quiero compartir algunas reflexiones que considero importantes para comprender este fenómeno y abordar sus consecuencias psicológicas.

¿Se puede querer a una persona y serle infiel?

Una de las cuestiones que plantea Walter Riso es que sentir amor por nuestra pareja no significa que desaparezca automáticamente la posibilidad de experimentar atracción hacia otras personas.

El deseo y el compromiso no son exactamente lo mismo.

Podemos sentir atracción por alguien sin que eso implique necesariamente actuar en consecuencia.

Por eso considero importante diferenciar entre lo que sentimos y las decisiones que tomamos.

La fidelidad no depende exclusivamente de estar enamorados, sino también de los valores personales, los acuerdos establecidos y la responsabilidad que asumimos dentro de la relación.

Esto no significa que el amor carezca de importancia, sino que una relación necesita algo más que sentimientos para mantenerse.

Amar a una persona no elimina nuestra capacidad de elegir cómo actuar, ni nos exime de la responsabilidad sobre nuestras decisiones.

¿Por qué algunas personas mantienen relaciones fuera de su pareja?

Cuando se descubre una infidelidad, es frecuente intentar encontrar una explicación.

La persona afectada puede preguntarse si dejó de resultar atractiva, si no prestó suficiente atención a su pareja o si existía algún problema que no supo reconocer.

Sin embargo, considero fundamental comprender que las motivaciones de una infidelidad pueden ser muy diferentes y que no siempre están relacionadas con las características de la persona traicionada.

Walter Riso analiza distintas circunstancias psicológicas y relacionales que pueden intervenir en estas situaciones.

La búsqueda de reconocimiento y valoración personal

Algunas personas pueden buscar fuera de su relación sentimientos de admiración, deseo o reconocimiento.

Sentirse atractivo, interesante o valorado por alguien nuevo puede proporcionar una gratificación emocional intensa.

En determinados casos, esta búsqueda puede estar relacionada con inseguridades personales o con la necesidad de recibir validación externa.

Sin embargo, es importante recordar que necesitar reconocimiento no conduce inevitablemente a una infidelidad.

La insatisfacción emocional o sexual

En otras ocasiones, la persona puede experimentar insatisfacción en determinados aspectos de su relación.

Puede sentir que existe distanciamiento emocional, falta de intimidad, dificultades de comunicación o diferencias en las necesidades sexuales.

No obstante, considero importante hacer una distinción: tener dificultades en una relación no justifica vulnerar los acuerdos establecidos con la pareja.

Existen diferentes maneras de afrontar la insatisfacción, como expresar las necesidades, buscar soluciones compartidas, solicitar ayuda profesional o plantearse la continuidad de la relación.

La infidelidad constituye una decisión cuya responsabilidad corresponde a quien la lleva a cabo.

La búsqueda de novedad y nuevas experiencias

El comienzo de una relación suele estar acompañado de entusiasmo, curiosidad y una intensa atracción.

Con el paso del tiempo, las relaciones evolucionan y pueden adquirir una mayor estabilidad.

Algunas personas pueden confundir la disminución de la novedad inicial con la desaparición del amor.

En estas circunstancias, una nueva relación puede despertar sensaciones que recuerdan a las primeras etapas del enamoramiento.

Sin embargo, la intensidad emocional de una experiencia nueva no significa necesariamente que exista un vínculo más profundo o satisfactorio.

La infidelidad como respuesta al resentimiento

Walter Riso también aborda las situaciones en las que una persona mantiene una relación externa como forma de venganza ante una infidelidad anterior, una humillación o un conflicto no resuelto.

En estos casos, el comportamiento puede estar relacionado con sentimientos de rabia, resentimiento o deseo de compensar el daño experimentado.

Pero responder a una herida emocional mediante otra traición no suele contribuir a resolver el conflicto original.

Por el contrario, puede aumentar el sufrimiento y deteriorar todavía más la confianza.

El reencuentro con personas del pasado

Otra situación que analiza Riso es el reencuentro con antiguos amores.

En ocasiones, estas experiencias pueden despertar recuerdos idealizados de etapas anteriores de la vida.

La persona puede asociar aquella relación con la juventud, la ilusión o determinados momentos personales que recuerda de forma especialmente positiva.

Sin embargo, es importante distinguir entre la persona real y el significado emocional que atribuimos a nuestros recuerdos.

No siempre echamos de menos una relación concreta; a veces añoramos cómo nos sentíamos durante aquella etapa de nuestra vida.

¿Qué ocurre psicológicamente cuando descubrimos una infidelidad?

El descubrimiento de una infidelidad puede alterar profundamente la seguridad emocional de una persona.

La confianza que existía hasta ese momento puede verse cuestionada y aparecer una necesidad intensa de comprender qué ha sucedido.

Algunas personas experimentan tristeza, rabia, ansiedad, dificultades para dormir o pensamientos repetitivos sobre lo ocurrido.

También pueden aparecer preguntas relacionadas con la propia valía:

  • ¿Qué tiene esa persona que yo no tengo?
  • ¿Por qué no fui suficiente?
  • ¿Desde cuándo me estaba engañando?
  • ¿Todo lo que hemos vivido ha sido mentira?
  • ¿Cómo puedo volver a confiar?

Estas preguntas reflejan el intento de encontrar una explicación a una experiencia emocionalmente dolorosa.

Sin embargo, cuando se convierten en pensamientos constantes, pueden mantener el sufrimiento y dificultar la recuperación.

Considero especialmente importante ayudar a la persona a comprender que la infidelidad de su pareja no determina su valor personal.

Que alguien haya vulnerado un compromiso no significa que la persona traicionada carezca de atractivo, cualidades o capacidad para ser amada.

La comparación con la tercera persona

Una de las consecuencias que puede aparecer tras una infidelidad es la comparación constante con la persona involucrada.

La persona afectada puede comenzar a cuestionar su aspecto físico, su personalidad, su sexualidad o su capacidad para satisfacer emocionalmente a su pareja.

Estas comparaciones pueden afectar considerablemente a la autoestima.

Desde mi perspectiva, resulta importante comprender que una infidelidad no constituye una competición en la que una persona ha resultado vencedora y otra ha perdido.

Las relaciones humanas son mucho más complejas.

El hecho de que alguien haya establecido una relación externa no demuestra que la tercera persona sea más atractiva, más interesante o tenga mayor valor.

Trabajar estas interpretaciones puede ser fundamental para recuperar la seguridad personal.

¿Por qué necesitamos conocer todos los detalles de la infidelidad?

Después de descubrir una traición, algunas personas sienten una necesidad intensa de conocer exactamente qué ocurrió.

Pueden preguntar cuándo comenzó la relación, dónde se encontraban, qué sentimientos existían o qué sucedió en determinados momentos.

Esta búsqueda de información puede estar relacionada con el intento de recuperar el control y comprender una realidad que hasta entonces desconocían.

Sin embargo, considero importante diferenciar entre la información necesaria para tomar decisiones y aquella que puede aumentar el sufrimiento sin aportar mayor claridad.

Conocer los aspectos relevantes de lo sucedido puede ayudar a comprender la situación.

Pero buscar continuamente detalles íntimos, realizar comprobaciones o reconstruir mentalmente cada encuentro puede favorecer la aparición de imágenes intrusivas y pensamientos repetitivos.

Por eso es importante valorar qué información necesita realmente la persona para comprender lo ocurrido y decidir cómo desea continuar.

¿Se puede recuperar la confianza después de una infidelidad?

Esta es una de las preguntas más importantes cuando una pareja decide intentar continuar su relación.

La confianza no suele recuperarse simplemente porque la persona que ha sido infiel prometa que no volverá a suceder.

Tampoco basta necesariamente con pedir perdón.

La reconstrucción de la confianza requiere tiempo, coherencia entre las palabras y los comportamientos, reconocimiento del daño y disposición a comprender las consecuencias emocionales de lo sucedido.

La persona traicionada puede necesitar expresar sus sentimientos, plantear preguntas y comprobar progresivamente si existen condiciones para volver a sentirse segura.

Por su parte, quien ha vulnerado el compromiso necesita asumir su responsabilidad sin trasladar la culpa a la pareja.

No obstante, también considero importante recordar que no todas las relaciones pueden o deben reconstruirse.

Cada persona tiene derecho a valorar sus propios límites, necesidades y decisiones.

¿Perdonar una infidelidad significa continuar la relación?

Perdonar y continuar una relación son decisiones diferentes.

Una persona puede trabajar emocionalmente lo sucedido, disminuir el resentimiento y recuperar su bienestar sin decidir permanecer con quien la traicionó.

Del mismo modo, algunas parejas deciden continuar, aunque el proceso de recuperación de la confianza todavía no haya concluido.

No considero adecuado presentar el perdón como una obligación ni como una condición imprescindible para superar una infidelidad.

Cada persona necesita su propio proceso.

Lo importante es que pueda tomar decisiones desde una mayor claridad emocional y no exclusivamente desde el miedo, la culpa o la presión externa.

El miedo a la soledad después de una infidelidad

En ocasiones, la persona afectada puede experimentar un conflicto emocional importante.

Por un lado, siente dolor, rabia o desconfianza. Por otro, teme perder la relación, quedarse sola o tener que reorganizar su vida.

Este conflicto puede resultar especialmente intenso cuando existen muchos años de convivencia, hijos, proyectos compartidos o dependencia económica y emocional.

En estas situaciones, considero importante explorar qué está motivando la decisión de continuar.

No es lo mismo elegir permanecer en una relación porque existe un deseo auténtico de reconstruirla que hacerlo exclusivamente por miedo a la separación.

Reconocer esta diferencia puede ayudar a tomar decisiones más conscientes.

¿Cuándo puede ayudar la terapia psicológica?

La infidelidad puede generar dificultades emocionales que afectan tanto a la relación como al bienestar individual.

En algunos casos, la persona experimenta pensamientos intrusivos, ansiedad, dificultades para confiar, inseguridad o una pérdida importante de autoestima.

En otros, la pareja queda atrapada en discusiones repetitivas, reproches y constantes intentos de comprobar lo sucedido.

El acompañamiento psicológico puede ayudar a comprender estas reacciones, regular las emociones y explorar las necesidades de cada persona.

Cuando ambos desean continuar, la terapia de pareja puede ofrecer un espacio para trabajar la comunicación, la responsabilidad y las condiciones necesarias para intentar reconstruir la confianza.

Sin embargo, cuando existen situaciones de violencia, intimidación o control coercitivo, es necesario priorizar la seguridad y realizar una valoración individualizada antes de considerar cualquier intervención conjunta.

Mi reflexión final: comprender una infidelidad no significa justificarla

Una de las cuestiones que considero más importantes al reflexionar sobre las aportaciones de Walter Riso es la necesidad de diferenciar entre comprender las motivaciones de una conducta y justificar sus consecuencias.

La infidelidad puede estar relacionada con diferentes circunstancias personales, emocionales o relacionales.

Sin embargo, estas circunstancias no eliminan la responsabilidad individual.

También considero fundamental que la persona traicionada no interprete automáticamente lo sucedido como una demostración de sus propias carencias.

Una infidelidad puede afectar profundamente a la autoestima, pero no define el valor de quien la ha sufrido.

Superar sus consecuencias no significa necesariamente olvidar, perdonar o continuar la relación.

Significa poder comprender lo ocurrido, recuperar progresivamente la seguridad emocional y tomar decisiones que sean coherentes con las propias necesidades y valores.

Porque una relación de pareja necesita amor, pero también respeto, honestidad, confianza y responsabilidad sobre los compromisos que libremente hemos asumido.

Atención psicológica ante una infidelidad en Vecindario y online

Si estás atravesando una situación de infidelidad y experimentas ansiedad, inseguridad, pensamientos repetitivos o dificultades para decidir cómo continuar, el acompañamiento psicológico puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo.

Como Psicóloga General Sanitaria, ofrezco atención psicológica individual y terapia de pareja en Vecindario (Gran Canaria) y online.

Mi trabajo se orienta a comprender las dificultades emocionales, explorar las necesidades de cada persona y favorecer un proceso de recuperación respetuoso con sus circunstancias y decisiones.

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Atención psicológica en Vecindario (Gran Canaria) y online

Referencia bibliográfica

Riso, W. (2014). Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja. Phronesis.

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TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Las 7 claves para una relación de pareja saludable

  


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Terapia de pareja en Vecindario y

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Las siete claves para construir una relación de pareja saludable: qué nos enseñan las investigaciones de John Gottman

Por María Jesús Suárez Duque | Psicóloga General Sanitaria | Terapia de pareja en Vecindario y online

¿Por qué algunas parejas consiguen mantener una relación satisfactoria durante muchos años mientras otras, a pesar de quererse, terminan atrapadas en discusiones, reproches y distanciamiento emocional?

Esta es una pregunta que considero especialmente interesante desde la psicología de pareja. A menudo pensamos que una relación funciona cuando apenas existen conflictos, cuando las dos personas tienen personalidades compatibles o cuando comparten prácticamente todas sus opiniones. Sin embargo, las investigaciones sobre las relaciones afectivas nos muestran una realidad bastante más compleja.

El psicólogo e investigador John M. Gottman, conocido por sus estudios sobre la estabilidad y las dificultades matrimoniales, ha dedicado décadas a observar cómo interactúan las parejas, cómo afrontan sus desacuerdos y qué comportamientos contribuyen a fortalecer o deteriorar sus relaciones.

Junto con Nan Silver, Gottman recoge buena parte de estas aportaciones en su libro Siete reglas de oro para vivir en pareja.

A partir de sus investigaciones, quiero compartir siete principios que considero especialmente valiosos para comprender cómo se construye una relación emocionalmente saludable.

  1. Conocer verdaderamente a nuestra pareja

Uno de los conceptos que propone Gottman es el de los mapas del amor, que hacen referencia al conocimiento que tenemos del mundo interior de nuestra pareja.

Conocer a alguien no significa únicamente saber qué comida le gusta, cuáles son sus aficiones o cómo transcurre su jornada laboral.

Significa conocer sus preocupaciones, sus inseguridades, sus aspiraciones, sus recuerdos importantes y las experiencias que han influido en su manera de entender la vida.

Con el paso de los años, las personas cambiamos. Nuestras necesidades, prioridades y temores también pueden modificarse.

Por eso considero importante que las parejas mantengan la curiosidad por conocerse, incluso después de muchos años de convivencia.

Una pregunta tan sencilla como «¿qué es lo que más te preocupa últimamente?» puede abrir una conversación que permita descubrir aspectos emocionales que habían pasado inadvertidos.

No debemos dar por hecho que conocemos completamente a nuestra pareja solo porque llevamos muchos años compartiendo nuestra vida.

  1. Mantener el cariño y la admiración

Otro de los aspectos que destacan las investigaciones de Gottman es la importancia de conservar una percepción positiva de la persona con la que compartimos nuestra vida.

Cuando una relación atraviesa dificultades, puede aparecer una tendencia a prestar más atención a los errores, las carencias o los comportamientos que nos molestan.

Poco a poco, aquello que antes admirábamos puede quedar en un segundo plano.

Considero que una de las cuestiones importantes en una relación consiste en aprender a reconocer las cualidades de nuestra pareja incluso cuando existen desacuerdos.

Esto no significa justificar comportamientos perjudiciales ni ignorar nuestras necesidades.

Significa comprender que una persona es mucho más que los conflictos que podamos mantener con ella.

Expresar agradecimiento, reconocer los esfuerzos cotidianos y recordar aquello que valoramos del otro contribuye a mantener una conexión emocional positiva.

La admiración no consiste en idealizar a nuestra pareja, sino en reconocer sus cualidades sin negar sus imperfecciones.

  1. Aprender a acercarnos emocionalmente en los pequeños momentos

Una de las aportaciones de Gottman que me parece especialmente interesante es la importancia de los pequeños intentos de conexión emocional.

En ocasiones imaginamos que el bienestar de una pareja depende de grandes acontecimientos: viajes, celebraciones, regalos o demostraciones extraordinarias de afecto.

Sin embargo, buena parte de la conexión emocional se construye mediante interacciones aparentemente insignificantes.

Cuando nuestra pareja nos cuenta algo que le ha sucedido, nos hace una pregunta, busca nuestra mirada o intenta compartir una preocupación, está ofreciéndonos una oportunidad de acercamiento.

Nuestra respuesta puede favorecer esa conexión o contribuir al distanciamiento.

Pensemos en una situación cotidiana.

Una persona llega a casa y comenta que ha tenido un día especialmente difícil.

Su pareja puede escucharla, interesarse por lo ocurrido y mostrar comprensión. Pero también puede continuar con sus actividades sin prestar atención.

Cuando estas situaciones se repiten, pueden ir configurando experiencias emocionales muy diferentes.

Por eso considero importante recordar que la intimidad emocional no se construye únicamente en los grandes momentos, sino también en la manera en que nos tratamos cada día.

  1. Reconocer que las necesidades de ambos son importantes

Una relación de pareja implica compartir decisiones, responsabilidades, expectativas y proyectos.

Sin embargo, compartir nuestra vida con otra persona no significa que siempre tengamos que pensar igual.

Gottman destaca la importancia de aceptar la influencia de nuestra pareja, es decir, estar dispuestos a escuchar y considerar sus opiniones y necesidades.

Desde mi perspectiva, una relación saludable necesita espacio para las dos personas.

Cuando uno de los miembros considera que su criterio debe prevalecer sistemáticamente, pueden aparecer sentimientos de desvalorización, frustración y falta de reconocimiento.

Escuchar no significa obedecer.

Ceder en determinadas circunstancias tampoco significa renunciar a nuestra identidad.

Se trata de desarrollar una forma de convivencia en la que ambos puedan expresar lo que necesitan y participar en las decisiones compartidas.

Una relación no debería convertirse en una competición para determinar quién tiene razón, sino en un espacio donde las dos personas puedan sentirse escuchadas y respetadas.

  1. Aprender a resolver los conflictos que tienen solución

Todas las parejas experimentan desacuerdos.

Pueden surgir diferencias relacionadas con la economía, las tareas domésticas, la educación de los hijos, las relaciones familiares o la distribución del tiempo.

Gottman distingue entre los conflictos que pueden resolverse mediante acuerdos y aquellos que están relacionados con diferencias más profundas.

En los problemas que tienen solución, la manera de iniciar una conversación puede influir considerablemente en su desarrollo.

No es lo mismo decir:

«Nunca haces nada en casa. Eres un egoísta».

Que expresar:

«Me siento sobrecargada con las responsabilidades de casa y necesito que podamos repartirlas de otra manera».

En el primer caso estamos atacando a la persona. En el segundo estamos comunicando una dificultad y planteando una necesidad.

Esta diferencia puede facilitar que la otra persona escuche sin sentirse inmediatamente atacada.

También considero importante aprender a reconocer cuándo una conversación está aumentando excesivamente nuestra activación emocional.

En esos momentos, interrumpir temporalmente la discusión para recuperar la calma puede ser más beneficioso que continuar intercambiando reproches.

La finalidad no debería ser ganar una discusión, sino comprender el problema y encontrar una solución que tenga en cuenta a ambos.

  1. Comprender que algunos desacuerdos forman parte de la convivencia

Uno de los planteamientos más interesantes de Gottman es que no todos los conflictos de pareja pueden resolverse definitivamente.

Existen diferencias relacionadas con la personalidad, los valores, las necesidades emocionales o las aspiraciones personales que pueden mantenerse durante años.

Por ejemplo, una persona puede necesitar mucha interacción social mientras su pareja prefiere una vida más tranquila.

Una puede valorar especialmente la estabilidad y la otra sentir una necesidad importante de experimentar cambios.

Estas diferencias no significan necesariamente que la relación esté condenada al fracaso.

Lo importante es comprender qué representa cada necesidad para la persona que la experimenta.

Detrás de una discusión repetitiva puede existir un deseo de seguridad, reconocimiento, libertad, pertenencia o realización personal.

Cuando conseguimos comprender el significado emocional de determinadas posiciones, resulta más fácil abandonar las luchas de poder y buscar formas de convivencia respetuosas.

No siempre necesitamos eliminar nuestras diferencias para mantener una relación satisfactoria. En ocasiones necesitamos aprender a comprenderlas y gestionarlas.

  1. Construir proyectos, valores y experiencias compartidas

La última de las siete reglas se relaciona con la construcción de un significado compartido.

Una pareja no es únicamente la unión de dos personas que conviven.

También puede convertirse en un espacio donde se desarrollan proyectos, tradiciones, experiencias y valores comunes.

Con el paso del tiempo, las responsabilidades laborales, familiares y domésticas pueden ocupar prácticamente toda la vida cotidiana.

En estas circunstancias, la relación corre el riesgo de quedar reducida a la organización de obligaciones.

Por eso considero importante que las parejas mantengan espacios destinados a disfrutar de su relación.

Compartir actividades, recuperar aficiones, organizar pequeños encuentros o dedicar tiempo a conversar sobre proyectos futuros puede contribuir a fortalecer el sentimiento de unión.

No se trata de realizar constantemente actividades extraordinarias.

En muchas ocasiones, una conversación tranquila, un paseo o una cena compartida pueden convertirse en experiencias significativas.

Una pareja necesita compartir responsabilidades, pero también necesita compartir momentos de disfrute y conexión emocional.

Los cuatro comportamientos que pueden deteriorar una relación

Además de estas siete reglas, Gottman identifica cuatro patrones de interacción que denomina los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Considero especialmente importante conocerlos porque pueden aparecer progresivamente en la convivencia.

La crítica personal

Consiste en atacar la personalidad o el carácter de nuestra pareja en lugar de expresar una queja concreta sobre su comportamiento.

No es lo mismo señalar algo que nos ha molestado que descalificar a la persona.

El desprecio

Puede manifestarse mediante burlas, sarcasmo hiriente, humillaciones, gestos de superioridad o comentarios destinados a ridiculizar.

Gottman considera el desprecio uno de los indicadores más preocupantes del deterioro de una relación.

La actitud defensiva

Aparece cuando respondemos sistemáticamente a las quejas justificándonos, culpando al otro o rechazando cualquier responsabilidad.

Esta dinámica puede impedir que ambos comprendan lo que está ocurriendo.

El bloqueo o la retirada emocional

Se produce cuando una persona deja de responder, se desconecta de la conversación o evita sistemáticamente el intercambio emocional.

En ocasiones puede relacionarse con un elevado nivel de activación emocional.

Conviene diferenciar esta retirada de una pausa acordada para recuperar la calma y retomar posteriormente la conversación.

Estos comportamientos no deben utilizarse para etiquetar a las personas, sino para reconocer dinámicas que pueden estar perjudicando la relación.

¿Por qué algunas parejas continúan discutiendo por los mismos motivos?

En las relaciones de pareja, las discusiones repetitivas no siempre se mantienen por el problema concreto que aparentemente las origina.

En ocasiones, detrás de una discusión sobre las tareas domésticas puede existir una necesidad de reconocimiento.

Detrás de un desacuerdo sobre el tiempo compartido puede encontrarse una sensación de soledad.

Y detrás de determinadas reacciones defensivas pueden aparecer sentimientos de inseguridad, miedo al rechazo o dificultades para expresar la propia vulnerabilidad.

Por eso considero importante no limitar la comprensión de los conflictos únicamente a aquello que se dice durante una discusión.

También resulta necesario explorar qué está sintiendo cada persona, qué necesita y qué significado atribuye a lo que sucede.

Las investigaciones de Gottman ofrecen herramientas valiosas para comprender las interacciones de pareja, aunque cada relación tiene su propia historia y sus circunstancias particulares.

Asimismo, es fundamental diferenciar los conflictos habituales de convivencia de las situaciones de violencia, intimidación o control. En estas últimas, la seguridad y la evaluación individualizada deben tener prioridad sobre cualquier propuesta de negociación conjunta.

Mi reflexión final: una relación saludable no es una relación sin conflictos

Una de las ideas que considero más importantes de las investigaciones de John Gottman es que la estabilidad de una relación no depende de la ausencia de desacuerdos.

Dos personas pueden quererse profundamente y, aun así, tener dificultades para comunicarse, comprender sus necesidades o gestionar determinadas situaciones.

Lo que puede marcar una diferencia importante es la manera en que responden a esas dificultades.

Escuchar antes de responder, reconocer los sentimientos del otro, expresar nuestras necesidades sin atacar y aprender a reparar los desencuentros son comportamientos que pueden favorecer una convivencia más satisfactoria.

También considero esencial que las parejas no pierdan de vista aquello que las unió: el afecto, la admiración, la amistad y el deseo de compartir experiencias.

Porque cuidar una relación no significa evitar cualquier conflicto, sino aprender a afrontar las dificultades sin perder el respeto, la consideración y la conexión emocional.

Una relación de pareja necesita algo más que amor: necesita atención, comprensión, responsabilidad afectiva y disposición para seguir construyéndose a lo largo del tiempo.

Terapia de pareja en Vecindario y online

Cuando una pareja experimenta discusiones constantes, distanciamiento emocional, dificultades de comunicación o una pérdida progresiva de intimidad, el acompañamiento psicológico puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

En mi consulta de psicología en Vecindario (Gran Canaria), y también mediante terapia de pareja online, ofrezco un espacio profesional para explorar las dificultades de la relación, identificar patrones de interacción y trabajar en nuevas formas de comunicación y convivencia.

El objetivo es comprender las necesidades de cada persona y valorar las posibilidades de cambio, respetando siempre las circunstancias y decisiones individuales.

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Terapia de pareja presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online

Referencia bibliográfica

Gottman, J. M., y Silver, N. Siete reglas de oro para vivir en pareja. Obra de divulgación basada en las investigaciones de John Gottman sobre la estabilidad y las relaciones de pareja.

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