martes, 20 de octubre de 2026

ADICCIÓN AL ALCOHOL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cuestionario de evaluación inicial de los procesos agudos relacionados con el alcohol

 


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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Adicción al alcohol

Cuestionario de evaluación inicial: procesos agudos relacionados con el alcohol

Instrumento orientativo para entrevista psicológica. Explora síntomas experimentados durante la intoxicación alcohólica o tras reducir o suspender el consumo. No es una escala validada ni sustituye la evaluación clínica.

Responda pensando en experiencias anteriores. Si un síntoma ocurre actualmente y es grave, no espere a completar el formulario.

Seguridad: confusión o desorientación intensa, convulsiones, alucinaciones con agitación, dificultad para despertar, respiración lenta o irregular y abstinencia intensa requieren atención médica inmediata. En España, llame al 112. Si bebe diariamente o ha tenido abstinencia, no interrumpa bruscamente el alcohol sin valoración médica.
A. Contexto de consumo

1. ¿Ha consumido alcohol alguna vez?

2. En los últimos 12 meses, ¿con qué frecuencia ha consumido alcohol?

3. ¿Ha tenido episodios de consumo intenso en poco tiempo?

4. ¿Ha notado síntomas físicos o psicológicos al reducir o dejar de beber?

5. ¿Cuándo ocurrió el episodio más reciente que desea comentar?

B. Intoxicación alcohólica

6. ¿Ha experimentado desinhibición o conductas inhabituales después de beber?

7. ¿Ha tenido dificultad para hablar con claridad o coordinar movimientos tras beber?

8. ¿Ha sufrido somnolencia intensa, desmayo o dificultad para mantenerse consciente tras beber?

C. Abstinencia no complicada

9. ¿Ha presentado temblores, sudoración o palpitaciones después de reducir o dejar el alcohol?

10. ¿Ha experimentado ansiedad intensa, náuseas o inquietud al dejar o reducir el consumo?

11. ¿Ha necesitado beber para aliviar síntomas que aparecen cuando disminuye el alcohol?

D. Delirium tremens y complicaciones graves

12. ¿Ha tenido confusión intensa o desorientación al dejar o reducir el alcohol?

13. ¿Ha presentado convulsiones después de reducir o interrumpir el consumo?

14. ¿Ha experimentado agitación intensa, fiebre o sudoración muy abundante con confusión durante la abstinencia?

E. Alucinosis alcohólica aguda

15. ¿Ha escuchado voces o sonidos sin una fuente externa durante el consumo intenso o la abstinencia?

16. ¿Ha visto cosas que otras personas no percibían durante el consumo o la abstinencia?

17. ¿Ha experimentado miedo intenso o sensación de persecución asociada a estas experiencias?

F. Amnesias parciales

18. ¿Ha olvidado conversaciones o hechos ocurridos mientras bebía, aunque permaneció despierto/a?

19. ¿Ha tenido periodos completos de los que no recuerda nada tras consumir alcohol?

20. ¿Le han contado acciones que realizó mientras bebía y que no logra recordar?

G. Trastornos del sueño

21. ¿Ha tenido despertares frecuentes o sueño poco reparador después de beber?

22. ¿Ha experimentado insomnio al reducir o suspender el alcohol?

23. ¿Ha tenido pesadillas o sueños muy intensos relacionados temporalmente con el consumo o la abstinencia?

H. Alteraciones del comportamiento

24. ¿Ha presentado irritabilidad, impulsividad o desinhibición marcada durante la intoxicación?

25. ¿Otras personas han observado cambios bruscos en su conducta mientras bebía?

26. ¿Ha tenido dificultades para controlar reacciones emocionales relacionadas temporalmente con el alcohol?

I. Disfunciones sexuales

27. ¿Ha experimentado dificultades de excitación o erección durante o después de beber?

28. ¿Ha experimentado dificultades para alcanzar el orgasmo asociadas al consumo?

29. ¿Ha observado cambios molestos en el deseo o la respuesta sexual relacionados temporalmente con el alcohol?

J. Contexto clínico y observaciones

¿Los síntomas aparecieron principalmente…?

¿Se produjeron lesiones, caídas, accidentes o consecuencias importantes?

¿Ha recibido atención médica por alguno de estos episodios?

Observaciones para comentar en consulta (opcional)

Uso profesional: María Jesús Suárez Duque – Psicóloga General Sanitaria. Vecindario y online. WhatsApp: 630 72 30 90. psicologamariajesus.com · psicologavecindariomariajesus.com

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

lunes, 19 de octubre de 2026

Fobias - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - La fobia como expresión de conflictos psicológicos


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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Fobias


 La fobia como expresión de conflictos psicológicos: comprender qué hay detrás del miedo

Por María Jesús Suárez Duque – Psicóloga General Sanitaria

En mi práctica profesional como psicóloga general sanitaria, considero que uno de los aspectos más importantes del trabajo terapéutico consiste en comprender que una misma manifestación emocional puede tener significados diferentes para cada persona.

Cuando alguien acude a consulta porque experimenta un miedo intenso a determinadas situaciones, objetos o experiencias, no me interesa únicamente identificar aquello que le produce ansiedad. También considero importante explorar cómo se ha desarrollado ese miedo, qué significado tiene en su historia personal y qué procesos psicológicos pueden estar contribuyendo a mantenerlo.

El miedo fóbico no siempre se comprende exclusivamente como una reacción ante un peligro externo, sino que también puede interpretarse como una manifestación de experiencias emocionales y conflictos internos.

Sin embargo, considero necesario aclarar desde el principio que no todas las fobias tienen su origen en conflictos inconscientes ni todas las personas que presentan una fobia han experimentado acontecimientos traumáticos.

La psicología contemporánea reconoce múltiples factores que pueden intervenir en su aparición y mantenimiento.

¿Qué significa que una fobia pueda expresar un conflicto psicológico?

Cuando hablamos de conflicto psicológico, nos referimos a una situación en la que una persona experimenta necesidades, emociones, deseos, creencias o impulsos que resultan difíciles de conciliar.

Por ejemplo, alguien puede desear profundamente mantener una relación afectiva y, al mismo tiempo, experimentar un miedo intenso a depender emocionalmente de otra persona.

Otra persona puede necesitar reconocimiento y aceptación, pero sentir una gran angustia ante la posibilidad de exponerse a la valoración de los demás.

Estos conflictos no siempre son plenamente conscientes.

En ocasiones, la persona identifica claramente lo que le preocupa. En otras, puede reconocer sus reacciones emocionales sin comprender del todo por qué aparecen.

Desde algunas teorías psicoanalíticas clásicas, las fobias se han interpretado como una forma de organizar la angustia alrededor de determinados objetos o situaciones.

De esta manera, una experiencia emocional difícil de comprender o manejar podría quedar vinculada a un estímulo externo.

Esta interpretación puede ofrecer una vía de exploración clínica, aunque no debe considerarse una explicación universal ni científicamente demostrada para todas las fobias.

La angustia y su relación con los conflictos internos

La angustia ocupa un lugar importante en las explicaciones históricas de las fobias.

Aunque los términos angustia y ansiedad suelen utilizarse de manera semejante, en determinadas tradiciones psicopatológicas se han establecido diferencias conceptuales entre ellos.

Desde una perspectiva clínica, la angustia puede experimentarse como una sensación intensa de amenaza, inquietud o malestar, incluso cuando la persona no consigue identificar claramente qué la está provocando.

En ocasiones, el miedo se dirige hacia una situación concreta: conducir, viajar en avión, permanecer en un espacio cerrado o encontrarse con determinados animales.

En otras, la persona experimenta una sensación de amenaza más difusa.

Las teorías psicodinámicas han propuesto que, en algunos casos, la angustia vinculada a conflictos internos puede quedar asociada a objetos o situaciones externas.

Por ejemplo, una persona podría experimentar una intensa necesidad de controlar su entorno y desarrollar un miedo persistente ante situaciones en las que percibe que pierde ese control.

Sin embargo, sería incorrecto concluir automáticamente que el miedo a volar, conducir o permanecer en lugares cerrados se debe a un conflicto relacionado con el control.

Cada situación requiere una evaluación individualizada.

El desplazamiento: cuando el miedo se dirige hacia un objeto externo

Uno de los mecanismos descritos en la tradición psicoanalítica es el desplazamiento.

Este concepto hace referencia a la posibilidad de que una emoción relacionada con una experiencia o conflicto quede asociada a otro objeto o situación.

Desde esta perspectiva, el objeto fóbico podría adquirir un significado que no depende exclusivamente de sus características reales.

Imaginemos a una persona que experimenta una angustia intensa ante determinadas situaciones de separación.

En una exploración psicodinámica podría plantearse la hipótesis de que esa angustia guarda relación con conflictos de autonomía, dependencia o pérdida.

No obstante, la existencia de ese miedo no demuestra por sí sola que haya un desplazamiento psicológico.

En la práctica clínica considero fundamental diferenciar entre una hipótesis interpretativa y una explicación sustentada por la evaluación.

No debemos atribuir significados ocultos a los síntomas sin contar con información suficiente.

El miedo al abandono y los conflictos entre dependencia y autonomía

Una de las experiencias que encuentro especialmente interesantes desde la psicología es el conflicto que algunas personas pueden experimentar entre el deseo de mantener vínculos afectivos y la necesidad de sentirse autónomas.

Una persona puede desear una relación cercana, estable y segura, pero experimentar una angustia intensa ante la posibilidad de ser abandonada.

En determinadas situaciones, esta preocupación puede favorecer conductas como buscar confirmación constante del afecto, interpretar señales ambiguas como rechazo o evitar expresar necesidades por miedo a perder la relación.

Desde una perspectiva integradora, considero importante explorar cómo se han desarrollado estas respuestas.

Las experiencias de apego, las relaciones anteriores, las creencias personales y las estrategias de regulación emocional pueden contribuir a comprenderlas.

Sin embargo, el miedo al abandono no constituye por sí mismo una fobia específica.

Puede aparecer en diferentes dificultades emocionales y relacionales, o formar parte de experiencias humanas que no alcanzan intensidad clínica.

Lo relevante es comprender qué función cumple ese miedo y hasta qué punto condiciona la vida de la persona.

El miedo al rechazo y el conflicto entre aceptación y autenticidad

Otro ejemplo de conflicto psicológico puede aparecer cuando una persona desea ser aceptada por los demás, pero teme que mostrar sus opiniones, necesidades o emociones provoque rechazo.

En estas circunstancias, puede desarrollar estrategias orientadas a reducir el riesgo de recibir críticas.

Por ejemplo, evitar expresar desacuerdos, buscar constantemente la aprobación o renunciar a actividades importantes por temor a equivocarse.

Estas conductas pueden proporcionar seguridad inmediata, pero también pueden dificultar el desarrollo de relaciones satisfactorias.

En psicoterapia me interesa explorar las creencias que acompañan a estas experiencias.

Una persona puede haber aprendido a interpretar los errores como señales de incapacidad o las críticas como pruebas de falta de valía personal.

Trabajar estas interpretaciones puede ayudarla a desarrollar una relación más flexible con la evaluación externa.

Es importante señalar que el miedo al rechazo no siempre responde a un conflicto inconsciente. También puede comprenderse mediante procesos de aprendizaje, experiencias sociales y mecanismos cognitivos.

El miedo a la soledad: ¿qué representa emocionalmente estar solo?

La soledad puede tener significados muy diferentes.

Para algunas personas representa tranquilidad, descanso y libertad.

Para otras puede asociarse a inseguridad, tristeza, desprotección o temor a no disponer de apoyo cuando lo necesiten.

Cuando una persona experimenta un miedo intenso a quedarse sola, considero importante explorar qué es exactamente lo que teme.

Puede preocuparle sufrir una emergencia sin ayuda, experimentar determinadas sensaciones físicas, sentirse abandonada o enfrentarse a pensamientos y emociones difíciles.

Aunque externamente la conducta pueda parecer semejante, los procesos psicológicos que la mantienen pueden ser distintos.

Por eso, no considero adecuado interpretar automáticamente el miedo a la soledad como una manifestación de dependencia emocional.

Es necesario comprender la experiencia concreta de cada persona.

La fobia y la necesidad de control

En algunas personas, el miedo se intensifica cuando perciben que no pueden controlar completamente una situación.

Esto puede observarse, por ejemplo, en determinadas experiencias de ansiedad relacionadas con viajar, alejarse de lugares conocidos o permanecer en espacios donde escapar parece difícil.

La persona puede anticipar que, si aparece ansiedad, no será capaz de manejarla.

Como consecuencia, puede desarrollar estrategias para sentirse segura, como planificar excesivamente, comprobar determinadas condiciones o evitar situaciones imprevisibles.

Estas conductas no deben interpretarse necesariamente como síntomas de un conflicto inconsciente.

Desde los modelos cognitivo-conductuales, también pueden comprenderse como estrategias de seguridad que reducen temporalmente la ansiedad y, en determinadas circunstancias, contribuyen a mantenerla.

Desde mi enfoque clínico, considero útil explorar tanto la necesidad subjetiva de control como las consecuencias de las conductas utilizadas para conseguirlo.

La evitación como forma de protegerse del malestar psicológico

La evitación constituye uno de los procesos más importantes en el mantenimiento de numerosos problemas relacionados con el miedo.

Cuando una persona evita aquello que teme, suele experimentar alivio inmediato.

Sin embargo, si la situación evitada no representa un peligro real significativo, esa conducta puede impedir que desarrolle nuevos aprendizajes sobre su capacidad para afrontarla.

Por ejemplo, una persona que teme hablar en público puede rechazar sistemáticamente oportunidades profesionales que impliquen intervenir delante de otras personas.

Al hacerlo, reduce su ansiedad a corto plazo, pero también puede reforzar la creencia de que no sería capaz de afrontar esa experiencia.

En mi trabajo terapéutico considero importante comprender la función de la evitación.

No se trata de juzgar a la persona por evitar, sino de reconocer que probablemente está intentando protegerse de una experiencia que percibe como amenazante.

A partir de esa comprensión, podemos trabajar para desarrollar alternativas que le permitan recuperar autonomía.

¿Todas las fobias esconden un conflicto psicológico?

No.

Esta es una aclaración fundamental.

Aunque determinadas teorías psicodinámicas han interpretado las fobias como manifestaciones de conflictos internos, actualmente sabemos que su aparición y mantenimiento pueden relacionarse con diferentes factores.

Entre ellos se encuentran el aprendizaje por experiencias directas, la observación de las respuestas de miedo de otras personas, la información amenazante recibida, la predisposición individual y los procesos cognitivos y conductuales.

También pueden intervenir experiencias traumáticas, aunque no constituyen una causa necesaria.

Por ejemplo, una persona puede desarrollar una fobia a los perros después de una mordedura.

Otra puede experimentar miedo intenso sin recordar ninguna experiencia negativa concreta.

Ambas situaciones requieren comprensión clínica, pero no necesariamente la búsqueda de un conflicto psicológico oculto.

Considero importante evitar interpretaciones que conviertan cualquier síntoma en una prueba de experiencias inconscientes que no han sido identificadas.

¿Cómo trabajo los miedos desde una perspectiva psicológica integradora?

Desde mi enfoque integrador, considero que la comprensión de los miedos debe tener en cuenta tanto la experiencia subjetiva como los procesos psicológicos que contribuyen a mantenerlos.

En una evaluación clínica puedo explorar diferentes dimensiones.

La experiencia emocional: qué siente la persona, con qué intensidad y en qué circunstancias aparece el miedo.

Los pensamientos: qué interpreta como amenazante y qué consecuencias anticipa.

Las sensaciones corporales: cómo responde su organismo y qué significado atribuye a esas respuestas.

Las conductas de protección: qué evita, qué comprueba y qué necesita hacer para sentirse segura.

La historia personal: qué experiencias de aprendizaje y relaciones significativas pueden resultar relevantes.

Los recursos personales: qué estrategias le han ayudado anteriormente y cuáles podrían desarrollarse.

Cuando resulta pertinente, también puedo incorporar el trabajo con procesos de apego, experiencias traumáticas, regulación emocional y aceptación psicológica.

No obstante, considero fundamental seleccionar las intervenciones según la evaluación y la evidencia disponible.

En las fobias específicas, la exposición terapéutica constituye una de las intervenciones con mayor respaldo científico.

La exploración de posibles conflictos emocionales puede complementar el trabajo clínico cuando exista una justificación individualizada, pero no sustituye necesariamente los tratamientos de eficacia demostrada.

Comprender el significado del miedo sin atribuirle explicaciones automáticas

Una de las cuestiones que considero más importantes es evitar que las interpretaciones psicológicas se conviertan en afirmaciones absolutas.

Si una persona teme quedarse sola, no puedo concluir que necesariamente tenga miedo al abandono.

Si alguien experimenta ansiedad al hablar en público, no significa automáticamente que haya sufrido humillaciones durante la infancia.

Y si una persona presenta una fobia, tampoco puedo asumir que exista un conflicto inconsciente responsable de sus síntomas.

La psicoterapia requiere escuchar, explorar, formular hipótesis y contrastarlas con la experiencia de la persona.

Para mí, comprender psicológicamente un miedo significa acercarme a su función, su contexto y sus consecuencias, sin imponer una explicación que no haya sido suficientemente fundamentada.

Reflexión final: detrás de un miedo puede haber una historia, pero no siempre un conflicto oculto

La obra Las fobias, de Jorge J. Saurí, nos permite acercarnos a una etapa de la psicopatología en la que las relaciones entre angustia, mecanismos defensivos y conflictos internos ocupaban un lugar central en la comprensión de los síntomas fóbicos.

Considero que estas aportaciones mantienen un interés histórico y conceptual porque nos invitan a prestar atención a la experiencia subjetiva de las personas.

Sin embargo, también creo necesario integrarlas críticamente con los conocimientos actuales.

No todos los miedos tienen un significado simbólico y no todas las fobias expresan conflictos psicológicos inconscientes.

En ocasiones, el miedo se mantiene por procesos de aprendizaje y evitación. En otras, puede relacionarse con experiencias vitales, dificultades emocionales o diferentes factores que interactúan entre sí.

Como psicóloga, mi objetivo no es buscar obligatoriamente un conflicto detrás de cada síntoma, sino comprender a la persona en su totalidad.

Porque detrás de un mismo miedo pueden existir historias diferentes, y cada una merece ser escuchada sin interpretaciones preconcebidas.

Preguntas frecuentes

¿Una fobia puede ser consecuencia de un conflicto emocional?

Algunas teorías psicológicas han propuesto esta posibilidad. Sin embargo, las fobias pueden desarrollarse por múltiples factores y no es necesario que exista un conflicto emocional inconsciente.

¿Qué relación existe entre las fobias y la angustia?

Las fobias suelen implicar respuestas de miedo o ansiedad ante determinados estímulos. Las teorías psicodinámicas clásicas también han estudiado la posibilidad de que la angustia se vincule a objetos o situaciones externas.

¿El miedo al abandono es una fobia?

No necesariamente. El miedo al abandono puede formar parte de diferentes experiencias emocionales y dificultades relacionales, pero no constituye por sí mismo una fobia específica.

¿El miedo al rechazo puede relacionarse con experiencias infantiles?

Las experiencias tempranas pueden influir en determinadas creencias y respuestas emocionales, pero no existe una relación automática. También intervienen experiencias posteriores y otros factores.

¿Es necesario descubrir el origen de una fobia para superarla?

No siempre. Muchas personas mejoran mediante tratamientos psicológicos basados en evidencia sin identificar una causa única o un conflicto inconsciente que explique el origen de su miedo.

¿La evitación puede hacer que una fobia se mantenga?

Sí. La evitación puede proporcionar alivio inmediato y, al mismo tiempo, impedir aprendizajes que ayudarían a reducir el miedo a largo plazo.

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sábado, 17 de octubre de 2026

TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cómo mejorar la comunicación en pareja

 


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Cómo mejorar la comunicación en pareja: aprender a escucharnos, comprendernos y recuperar la conexión emocional

Por María Jesús Suárez Duque – Psicóloga General Sanitaria

En mi práctica profesional como psicóloga general sanitaria, considero que una de las dificultades más frecuentes en las relaciones de pareja no consiste necesariamente en la falta de amor, sino en la manera en que las personas han aprendido a comunicarse, expresar sus necesidades y responder ante los desacuerdos.

En ocasiones, dos personas pueden quererse y, sin embargo, sentirse profundamente incomprendidas.

Una puede experimentar que no es escuchada, mientras que la otra puede sentir que todo lo que hace resulta insuficiente.

A partir de estas experiencias, pueden aparecer discusiones repetitivas, críticas, respuestas defensivas, distanciamiento emocional y una sensación creciente de soledad dentro de la relación.

El libro Milagros de comunicación para parejas, de Jonathan Robinson, ofrece diferentes herramientas para reflexionar sobre estas dificultades y desarrollar formas de comunicación más conscientes y constructivas.

A partir de sus principales propuestas, quiero compartir mi perspectiva como psicóloga sobre la importancia del reconocimiento emocional, la escucha, la aceptación, la expresión de necesidades y la reparación de los conflictos.

Desde mi enfoque integrador, considero que mejorar la comunicación no significa evitar todos los desacuerdos, sino aprender a relacionarnos con nuestras diferencias sin que estas deterioren constantemente el vínculo afectivo.

¿Por qué resulta tan difícil comunicarnos con nuestra pareja?

La comunicación en pareja no consiste únicamente en transmitir información.

Cuando hablamos con una persona emocionalmente significativa, también entran en juego nuestras expectativas, necesidades afectivas, experiencias anteriores y formas habituales de responder ante el malestar.

Por ejemplo, una persona puede expresar una queja porque necesita sentirse escuchada.

Sin embargo, su pareja puede interpretar esa queja como una crítica hacia su manera de ser.

Como consecuencia, puede responder justificándose, defendiéndose o señalando los errores de la otra persona.

La conversación, que inicialmente podía haber sido una oportunidad para expresar una necesidad, termina convirtiéndose en una discusión.

Desde mi perspectiva clínica, considero importante comprender qué ocurre emocionalmente durante estas interacciones.

En muchas ocasiones, el problema no se encuentra exclusivamente en las palabras utilizadas, sino en el significado que cada persona atribuye a lo que escucha.

Las tres necesidades emocionales: reconocimiento, aprecio y aceptación

Una de las propuestas más interesantes de Jonathan Robinson es la importancia de tres necesidades relacionales: reconocimiento, aprecio y aceptación.

Estas necesidades pueden ayudarnos a comprender por qué determinadas conversaciones generan cercanía y otras provocan distanciamiento.

Reconocimiento: necesito sentir que me escuchas

Sentirse escuchado implica percibir que la otra persona presta atención a nuestra experiencia.

No significa que tenga que compartir todas nuestras opiniones.

Significa que muestra disposición a comprender lo que estamos intentando comunicar.

Por ejemplo, cuando una persona expresa que se ha sentido sola durante una situación difícil, puede necesitar inicialmente que su pareja reconozca esa experiencia.

Una respuesta como «entiendo que te hayas sentido sola y que necesitaras más apoyo» puede facilitar la conexión emocional.

En cambio, responder inmediatamente con explicaciones o justificaciones puede hacer que la persona experimente que sus sentimientos no han sido comprendidos.

Desde mi práctica profesional, considero que aprender a reconocer las emociones antes de responder puede transformar determinadas conversaciones.

Aprecio: necesito sentir que valoras lo que aporto

En algunas relaciones, las dificultades cotidianas terminan ocupando tanto espacio que las cualidades y los esfuerzos de la otra persona pasan desapercibidos.

La comunicación comienza a centrarse principalmente en aquello que falta, molesta o debería cambiar.

Con el tiempo, ambos miembros pueden experimentar que sus esfuerzos no son reconocidos.

Considero importante recuperar las expresiones de agradecimiento y valoración.

No se trata de elogiar constantemente ni de ignorar los problemas.

Se trata de reconocer también aquello que funciona dentro de la relación.

Un agradecimiento sincero, una palabra de reconocimiento o una muestra de consideración pueden contribuir a fortalecer el vínculo.

Aceptación: necesito sentir que puedo ser yo mismo

La aceptación emocional implica reconocer que nuestra pareja es una persona diferente, con su propia historia, necesidades, preferencias y manera de experimentar las situaciones.

No significa aceptar cualquier comportamiento.

Tampoco implica renunciar a establecer límites o tolerar faltas de respeto.

Desde mi perspectiva, aceptar a la otra persona supone diferenciar entre aquellas características que forman parte de su individualidad y aquellas conductas que necesitan modificarse para que la relación sea saludable.

Una pareja puede tener opiniones distintas sin que esas diferencias representen necesariamente una amenaza para la relación.

Escuchar no significa estar de acuerdo

Una de las ideas que considero fundamentales en la terapia de pareja es aprender a diferenciar entre comprender y estar de acuerdo.

Cuando una persona expresa su malestar, la otra puede sentir que reconocer sus emociones equivale a aceptar toda la responsabilidad.

Sin embargo, no es así.

Podemos comprender que nuestra pareja se haya sentido decepcionada sin compartir necesariamente su interpretación de los acontecimientos.

Por ejemplo:

«Entiendo que te hayas sentido poco importante cuando cancelé nuestro plan».

Esta respuesta reconoce una experiencia emocional.

Posteriormente, ambas personas pueden hablar de las circunstancias que provocaron la situación y buscar alternativas.

Desde mi enfoque clínico, considero que esta distinción permite reducir determinadas respuestas defensivas.

Cuando una persona siente que debe defenderse constantemente, puede resultarle difícil escuchar.

Y cuando la otra siente que nunca es comprendida, puede aumentar la intensidad de sus reclamaciones.

La importancia de reconocer antes de responder

En muchas discusiones de pareja aparece una secuencia que puede repetirse durante años.

Una persona expresa una queja.

La otra interpreta que está siendo atacada.

Responde justificándose o señalando otro problema.

La primera persona siente que no ha sido escuchada y aumenta su insistencia.

La conversación termina alejándose del problema inicial.

Desde mi perspectiva profesional, considero útil introducir una pausa entre escuchar y responder.

Antes de explicar nuestro punto de vista, podemos intentar comprender qué está expresando emocionalmente la otra persona.

Por ejemplo:

«Si te he entendido bien, te has sentido poco acompañada esta semana y te gustaría que compartiéramos más tiempo».

Después de comprobar que hemos comprendido correctamente, podemos expresar nuestra propia experiencia.

Este procedimiento no garantiza que desaparezcan los desacuerdos, pero puede facilitar que ambas personas se sientan reconocidas.

Expresar necesidades sin convertirlas en reproches

Una dificultad frecuente aparece cuando las necesidades emocionales se expresan mediante acusaciones.

Por ejemplo:

«Nunca tienes tiempo para mí».

«Siempre haces lo que quieres».

«No te importa lo que siento».

Estas expresiones pueden transmitir un malestar real, pero también pueden favorecer respuestas defensivas.

Desde mi práctica clínica, considero importante ayudar a transformar las críticas generales en comunicaciones más concretas.

En lugar de decir «nunca tienes tiempo para mí», una persona podría expresar:

«Últimamente echo de menos que compartamos tiempo juntos. Me gustaría que reserváramos una tarde para nosotros».

La diferencia consiste en comunicar una necesidad y plantear una petición que pueda comprenderse y negociarse.

Esto no significa que la responsabilidad de evitar los conflictos recaiga exclusivamente en quien expresa su malestar.

Ambos miembros necesitan participar en la construcción de una comunicación respetuosa.

¿Por qué algunas discusiones se repiten constantemente?

En ocasiones, las parejas discuten sobre los mismos asuntos sin conseguir resolverlos.

Pueden aparecer desacuerdos relacionados con la convivencia, la distribución de responsabilidades, la familia, el dinero, el tiempo compartido o las necesidades afectivas.

Sin embargo, detrás de una discusión aparentemente práctica pueden existir experiencias emocionales diferentes.

Por ejemplo, una persona puede reclamar mayor colaboración en las tareas domésticas porque se siente sobrecargada.

Su pareja puede interpretar esa reclamación como una crítica constante a sus esfuerzos.

Si ambos se centran únicamente en defender su posición, puede resultar difícil comprender el problema.

Desde mi perspectiva integradora, considero importante explorar tanto las necesidades concretas como las emociones que aparecen durante el conflicto.

También resulta necesario establecer acuerdos observables y realistas.

La comprensión emocional es importante, pero no sustituye los cambios de comportamiento cuando estos son necesarios.

La necesidad de tener razón puede dificultar la conexión emocional

En determinadas discusiones, las personas pueden concentrarse en demostrar quién recuerda correctamente una situación, quién comenzó el conflicto o quién tiene más motivos para sentirse molesto.

Aunque aclarar los hechos puede ser necesario, la conversación puede convertirse en una competición.

Cuando el objetivo principal es ganar la discusión, resulta más difícil escuchar la experiencia emocional de la otra persona.

Desde mi enfoque clínico, considero importante ayudar a las parejas a diferenciar entre defender una necesidad legítima y convertir cualquier desacuerdo en una lucha por tener razón.

Esto no significa que ambas partes sean igualmente responsables de todos los problemas.

Tampoco significa que deban ceder ante situaciones injustas.

Significa que, cuando existe una relación de respeto y reciprocidad, puede ser más útil buscar comprensión y soluciones que intentar conseguir una victoria sobre la otra persona.

La comunicación y las experiencias de apego

Desde una perspectiva integradora, considero que las experiencias relacionales pueden influir en la manera en que respondemos ante determinados conflictos.

Algunas personas experimentan una intensa necesidad de proximidad cuando perciben distanciamiento.

Otras pueden necesitar retirarse temporalmente cuando una conversación adquiere demasiada intensidad emocional.

En determinadas parejas, estas respuestas pueden interactuar y generar un círculo difícil de interrumpir.

Por ejemplo, una persona puede insistir en hablar porque teme que el silencio signifique rechazo.

La otra puede retirarse porque se siente desbordada por la discusión.

Cuanto más insiste una, más se distancia la otra.

Y cuanto más se distancia una, mayor puede ser la angustia de la otra.

Desde mi perspectiva clínica, considero importante comprender estas dinámicas sin atribuir automáticamente estilos de apego determinados.

Las conductas pueden responder a múltiples factores y deben valorarse dentro de la historia y las circunstancias de cada relación.

La regulación emocional durante los conflictos

Cuando una discusión adquiere mucha intensidad, puede resultar difícil escuchar, reflexionar y expresar necesidades con claridad.

En estas circunstancias, algunas personas elevan el tono de voz, interrumpen o responden impulsivamente.

Otras pueden bloquearse, quedarse en silencio o necesitar alejarse temporalmente.

Desde mi enfoque integrador, considero importante desarrollar recursos de regulación emocional.

Por ejemplo, una pareja puede acordar interrumpir temporalmente una conversación cuando ambos se encuentran demasiado alterados.

Sin embargo, considero fundamental que esta pausa no se utilice como castigo, amenaza o forma de evitar indefinidamente el conflicto.

Una pausa saludable debería incluir el compromiso de retomar la conversación cuando existan mejores condiciones para dialogar.

La regulación emocional no consiste en reprimir lo que sentimos.

Consiste en desarrollar la capacidad de responder de manera más consciente y respetuosa.

Recuperar la intimidad emocional mediante pequeños gestos

La conexión emocional no depende exclusivamente de las conversaciones importantes.

También se construye mediante experiencias cotidianas.

Preguntar cómo ha transcurrido el día, mostrar interés por una preocupación, agradecer un gesto o compartir un momento agradable puede contribuir a fortalecer la relación.

En ocasiones, las parejas atraviesan períodos en los que casi todas sus conversaciones giran alrededor de responsabilidades, problemas o asuntos pendientes.

El espacio para el disfrute compartido puede reducirse progresivamente.

Desde mi perspectiva profesional, considero importante recuperar actividades que permitan experimentar cercanía sin que todas las interacciones se conviertan en conversaciones sobre los conflictos.

Una cena, un paseo o una actividad compartida pueden facilitar momentos de conexión.

Sin embargo, estas propuestas deben adaptarse a las circunstancias de cada pareja y no utilizarse para evitar problemas importantes que necesitan abordarse.

Aprender a reparar después de una discusión

Los desacuerdos forman parte de las relaciones humanas.

Por eso, considero que una de las habilidades más importantes no es evitar cualquier conflicto, sino aprender a repararlo.

La reparación puede implicar reconocer una conducta que ha causado daño, escuchar sus consecuencias emocionales y asumir responsabilidades.

Por ejemplo:

«Ayer levanté la voz durante nuestra conversación. Entiendo que te haya hecho sentir mal. Quiero intentar expresar mi enfado de otra manera».

Una disculpa adquiere mayor significado cuando va acompañada de cambios coherentes.

No considero suficiente pedir perdón repetidamente si se mantienen las mismas conductas perjudiciales.

La reparación requiere responsabilidad, disposición al cambio y respeto por los sentimientos de la otra persona.

También es importante reconocer que una disculpa no obliga a quien ha resultado perjudicado a perdonar inmediatamente.

La confianza se construye mediante comportamientos coherentes

La confianza es uno de los elementos fundamentales de una relación afectiva.

Cuando se producen incumplimientos de acuerdos, ocultaciones o experiencias de traición, puede resultar difícil recuperar la seguridad.

Desde mi perspectiva clínica, considero que la reconstrucción de la confianza requiere algo más que explicaciones o promesas.

Es necesario reconocer lo sucedido, asumir las responsabilidades correspondientes y desarrollar comportamientos coherentes a lo largo del tiempo.

También resulta importante respetar las necesidades y los límites de la persona afectada.

No todas las relaciones pueden o deben reconstruirse.

En determinadas circunstancias, la separación puede constituir una decisión legítima y saludable.

La terapia de pareja no debería tener como objetivo mantener una relación a cualquier precio, sino ayudar a comprender las dificultades y favorecer decisiones conscientes y seguras.

Cuando mejorar la comunicación no es suficiente

Aunque las habilidades comunicativas pueden resultar muy útiles, considero importante aclarar que no todos los problemas de pareja se resuelven aprendiendo a escuchar mejor.

Existen situaciones en las que intervienen dificultades importantes de confianza, incompatibilidades, problemas de salud mental, consumo de sustancias o patrones relacionales muy arraigados.

También pueden existir situaciones de violencia, intimidación, control coercitivo o maltrato.

En estos casos, no sería adecuado interpretar el problema como una simple dificultad de comunicación.

Cuando existe violencia, la prioridad debe ser evaluar la seguridad, proteger a la persona afectada y ofrecer una intervención apropiada.

Las técnicas de negociación y validación mutua no deben utilizarse para trasladar a la víctima la responsabilidad de evitar las agresiones.

Desde mi perspectiva profesional, considero fundamental diferenciar los conflictos habituales de pareja de las dinámicas abusivas.

Mi perspectiva integradora sobre la comunicación en pareja

En mi práctica profesional considero que mejorar la comunicación requiere comprender tanto las conductas observables como los procesos emocionales que aparecen durante las interacciones.

Desde una perspectiva cognitivo-conductual, podemos trabajar las interpretaciones, las habilidades comunicativas y los acuerdos concretos.

Desde las teorías del apego, podemos explorar las necesidades de seguridad emocional y las respuestas ante la proximidad o el distanciamiento.

La terapia de aceptación y compromiso puede ayudar a desarrollar flexibilidad psicológica y a actuar de acuerdo con los valores personales y relacionales.

Las habilidades de regulación emocional procedentes de la terapia dialéctico-conductual pueden resultar útiles cuando las discusiones se acompañan de una elevada intensidad emocional.

Cuando resulta clínicamente pertinente, también podemos explorar experiencias anteriores, patrones persistentes o dificultades individuales que estén influyendo en la relación.

Sin embargo, considero importante no aplicar automáticamente las mismas técnicas a todas las parejas.

Cada relación tiene una historia, unas necesidades y unas circunstancias particulares.

El trabajo terapéutico debe adaptarse a esa realidad.

Mi reflexión como psicóloga: comunicarnos mejor no significa pensar igual

Una de las ideas que considero más importantes es que una relación saludable no requiere que ambas personas piensen, sientan o actúen de la misma manera.

Las diferencias forman parte de la convivencia.

Lo relevante es cómo respondemos cuando esas diferencias aparecen.

Podemos aprender a expresar nuestras necesidades sin descalificar a la otra persona.

Podemos reconocer sus emociones sin renunciar a nuestra propia perspectiva.

Podemos establecer límites sin recurrir a la agresividad.

Y podemos asumir responsabilidades sin interpretar cualquier desacuerdo como una amenaza a nuestra valía personal.

El libro de Jonathan Robinson nos recuerda la importancia de las pequeñas habilidades comunicativas y de las expresiones cotidianas de reconocimiento, aprecio y aceptación.

Desde mi perspectiva integradora, considero que estas herramientas pueden contribuir a mejorar la relación cuando existe una disposición mutua al respeto y al cambio.

Sin embargo, también considero fundamental comprender que la comunicación no depende exclusivamente de elegir las palabras adecuadas.

Depende de nuestra capacidad para escuchar, regular nuestras respuestas emocionales, reconocer necesidades, respetar límites y actuar de manera coherente.

Como psicóloga, considero que comunicarnos mejor no significa dejar de tener diferencias, sino aprender a expresarlas sin convertirlas constantemente en una amenaza para el vínculo afectivo.

Porque una relación no se fortalece únicamente cuando dos personas se quieren.

También necesita que ambas puedan sentirse escuchadas, valoradas, respetadas y emocionalmente seguras.

Preguntas frecuentes sobre la comunicación en pareja

¿Por qué discutimos tanto si nos queremos?

El afecto no impide que existan diferencias, necesidades insatisfechas o dificultades para regular las emociones. Algunas parejas desarrollan patrones de comunicación que favorecen discusiones repetitivas.

¿Cómo puedo expresar lo que siento sin que mi pareja se ponga a la defensiva?

Puede ayudar describir situaciones concretas, expresar las emociones y formular peticiones claras, evitando descalificaciones personales. Sin embargo, la respuesta de la otra persona también depende de su disposición a escuchar.

¿Escuchar a mi pareja significa darle la razón?

No. Comprender y validar una experiencia emocional no implica aceptar automáticamente su interpretación de los hechos.

¿Qué hacer cuando una discusión se vuelve demasiado intensa?

Cuando existe respeto y seguridad, puede resultar útil acordar una pausa temporal y retomar la conversación posteriormente. La pausa no debería utilizarse como castigo o forma de control.

¿Se puede recuperar la comunicación después de años de distanciamiento?

En algunas parejas es posible mejorar significativamente la comunicación mediante cambios sostenidos, responsabilidad compartida y, cuando resulta necesario, apoyo psicológico. No obstante, los resultados dependen de las circunstancias y de la disposición de ambas personas.

¿Cuándo es recomendable acudir a terapia de pareja?

Cuando las discusiones se repiten, existe distanciamiento emocional, aparecen dificultades persistentes de confianza o las personas no consiguen resolver determinados conflictos por sí mismas. Si existe violencia o coerción, es necesario priorizar una evaluación especializada de seguridad.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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