domingo, 8 de noviembre de 2026

TERAPIA DE PAREJA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Doce áreas de intervención en la codependencia emocional

¿Qué se trabaja en terapia de pareja? Doce áreas de intervención en la codependencia emocional

La codependencia emocional es un concepto utilizado para describir determinados patrones de relación en los que una persona puede experimentar una implicación excesiva en las necesidades, emociones, dificultades o decisiones de su pareja, llegando en ocasiones a descuidar su propio bienestar.

Estas dinámicas pueden manifestarse mediante sentimientos de culpa, miedo al abandono, necesidad de aprobación, dificultades para establecer límites, sobreprotección o una tendencia persistente a responsabilizarse del bienestar de la otra persona.

En determinadas relaciones, estos patrones se mantienen durante años y pueden afectar a la autoestima, la autonomía personal, la comunicación y la satisfacción afectiva.

Sin embargo, es importante señalar que la codependencia no constituye un diagnóstico clínico independiente reconocido en los principales sistemas de clasificación de los trastornos mentales.

Además, no todas las personas que cuidan intensamente a su pareja, experimentan dificultades para separarse o necesitan apoyo emocional presentan patrones de codependencia.

Desde la psicología, la intervención no consiste en aplicar automáticamente un programa de doce pasos, sino en evaluar las necesidades individuales y relacionales para determinar qué aspectos requieren atención profesional.

Los siguientes doce apartados representan áreas que pueden abordarse en terapia de pareja o, cuando resulte más adecuado, mediante intervención psicológica individual.

No constituyen una secuencia obligatoria, un tratamiento estandarizado ni un programa de autoayuda.

  1. Evaluación de los patrones de dependencia y codependencia

La primera área de intervención consiste en comprender el funcionamiento de la relación y las dificultades que están generando malestar.

En terapia se exploran:

  • Necesidad excesiva de aprobación.
  • Miedo al abandono.
  • Sobreimplicación emocional.
  • Responsabilidad excesiva por la pareja.
  • Dificultades para establecer límites.
  • Sacrificio persistente.
  • Necesidad de sentirse indispensable.
  • Pérdida de autonomía.
  • Conflictos recurrentes.
  • Sentimientos de culpa.
  • Desequilibrios en las responsabilidades.
  • Consecuencias psicológicas de la relación.

La evaluación permite diferenciar los patrones de dependencia perjudicial de las necesidades normales de apoyo y compromiso afectivo.

  1. Comprensión de la historia personal y de los modelos afectivos

Las experiencias personales pueden influir en la manera de comprender el amor, el cuidado y las responsabilidades dentro de una relación.

En terapia se trabajan:

  • Experiencias infantiles de abandono.
  • Rechazo emocional.
  • Invalidación afectiva.
  • Sobreprotección.
  • Responsabilidades tempranas de cuidado.
  • Parentificación.
  • Modelos familiares de dependencia.
  • Experiencias traumáticas.
  • Relaciones sentimentales anteriores.
  • Miedo al rechazo.
  • Necesidad de aprobación.
  • Aprendizajes relacionados con el sacrificio personal.

El trabajo psicológico permite comprender cómo estas experiencias pueden relacionarse con las dificultades actuales, sin asumir una relación causal automática.

  1. Autoestima y valoración personal

La autoestima puede desempeñar un papel importante cuando una persona condiciona su valor personal a la aceptación o las necesidades de su pareja.

En terapia se evalúan:

  • Baja autoestima.
  • Autocrítica.
  • Sentimientos de inferioridad.
  • Necesidad de reconocimiento.
  • Miedo a no ser suficiente.
  • Dependencia de la valoración externa.
  • Inseguridad personal.
  • Dificultades para reconocer capacidades.
  • Sensación de inutilidad.
  • Necesidad de sentirse indispensable.
  • Falta de confianza.
  • Dificultades para tomar decisiones.

La intervención permite comprender cómo estas dificultades influyen en la autonomía y en la seguridad afectiva.

  1. Identificación de necesidades emocionales individuales

En algunas relaciones, la atención constante a la pareja puede dificultar el reconocimiento de las propias necesidades.

En terapia se exploran:

  • Dificultades para identificar emociones.
  • Desconexión de necesidades personales.
  • Renuncia a preferencias.
  • Falta de reconocimiento del malestar.
  • Sentimientos de culpa.
  • Pérdida de intereses.
  • Dificultades para expresar deseos.
  • Sensación de vacío.
  • Necesidad de aprobación.
  • Confusión entre necesidades propias y compartidas.
  • Falta de satisfacción personal.
  • Dificultades para reconocer prioridades.

El trabajo psicológico permite valorar cómo estas dificultades afectan al bienestar individual.

  1. Miedo al abandono y seguridad afectiva

El miedo a perder el vínculo puede contribuir al mantenimiento de determinadas dinámicas de dependencia.

En terapia se trabajan:

  • Ansiedad ante la separación.
  • Miedo a quedarse solo.
  • Necesidad de confirmación afectiva.
  • Inseguridad ante el distanciamiento.
  • Temor al rechazo.
  • Dificultades para tolerar la incertidumbre.
  • Angustia ante una posible ruptura.
  • Experiencias anteriores de abandono.
  • Sensibilidad a los cambios afectivos.
  • Necesidad de proximidad constante.
  • Miedo a dejar de ser importante.
  • Dificultades para mantener decisiones individuales.

La evaluación permite comprender cómo estos temores influyen en el funcionamiento de la relación.

  1. Responsabilidad emocional y sentimientos de culpa

En determinadas personas, la preocupación por el bienestar de la pareja puede transformarse en una sensación persistente de obligación.

En terapia se evalúan:

  • Culpa ante el sufrimiento ajeno.
  • Necesidad de solucionar problemas.
  • Miedo a provocar decepción.
  • Responsabilidad excesiva.
  • Dificultades para tolerar el malestar de la pareja.
  • Sobrecarga emocional.
  • Sensación de obligación.
  • Renuncia a decisiones personales.
  • Miedo a establecer límites.
  • Necesidad de evitar conflictos.
  • Agotamiento psicológico.
  • Confusión entre apoyo y responsabilidad.

El trabajo psicológico permite comprender cómo estas experiencias afectan a la relación y a la autonomía.

  1. Límites personales y diferenciación de responsabilidades

Las dificultades para establecer límites pueden contribuir a mantener relaciones desequilibradas.

En terapia se trabajan:

  • Miedo a decir que no.
  • Dificultades para expresar desacuerdos.
  • Sentimientos de culpa.
  • Temor a decepcionar.
  • Renuncia a necesidades personales.
  • Aceptación de responsabilidades excesivas.
  • Invasión de espacios individuales.
  • Necesidad de aprobación.
  • Miedo a perder la relación.
  • Dificultades para reconocer responsabilidades ajenas.
  • Pérdida de autonomía.
  • Confusión entre compromiso y obligación.

La intervención permite comprender cómo estas dificultades influyen en el bienestar y en la calidad del vínculo.

  1. Autonomía personal e identidad individual

En determinadas relaciones, uno o ambos miembros pueden experimentar una pérdida progresiva de intereses y proyectos propios.

En terapia se exploran:

  • Abandono de aficiones.
  • Pérdida de amistades.
  • Renuncia a proyectos personales.
  • Dependencia en la toma de decisiones.
  • Inseguridad ante la independencia.
  • Necesidad de aprobación.
  • Sensación de vacío fuera de la relación.
  • Dificultades para mantener espacios individuales.
  • Miedo a la soledad.
  • Pérdida de confianza.
  • Confusión entre identidad individual e identidad compartida.
  • Dificultades para reconocer objetivos personales.

El trabajo psicológico permite valorar cómo estas dificultades afectan a la autonomía y a la satisfacción personal.

  1. Regulación emocional y tolerancia al malestar

Los patrones de codependencia pueden acompañarse de dificultades para afrontar determinadas emociones.

En terapia se evalúan:

  • Ansiedad.
  • Miedo al abandono.
  • Sentimientos de culpa.
  • Tristeza.
  • Irritabilidad.
  • Inseguridad.
  • Angustia ante la separación.
  • Dificultades para tolerar la incertidumbre.
  • Rumiación.
  • Agotamiento emocional.
  • Sensación de vacío.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Dificultades para recuperar la estabilidad emocional.

La intervención permite comprender cómo estas manifestaciones influyen en las decisiones y en las relaciones afectivas.

  1. Comunicación, autoafirmación y expresión de necesidades

En determinadas parejas, las dificultades para expresar pensamientos y sentimientos pueden contribuir a mantener patrones de dependencia.

En terapia se trabajan:

  • Miedo a expresar desacuerdos.
  • Dificultades para comunicar necesidades.
  • Necesidad de aprobación.
  • Evitación de conversaciones.
  • Inseguridad comunicativa.
  • Temor al rechazo.
  • Dificultades para establecer límites.
  • Comunicación pasiva.
  • Reproches.
  • Invalidación emocional.
  • Resentimiento.
  • Distanciamiento afectivo.

El trabajo psicológico permite comprender cómo estos patrones afectan a la comunicación y a la satisfacción con la relación.

  1. Evaluación de los ciclos relacionales y las posibilidades de cambio

En algunas relaciones, determinados patrones se repiten a lo largo del tiempo.

En terapia se exploran:

  • Sobreimplicación emocional.
  • Agotamiento.
  • Reproches.
  • Sentimientos de culpa.
  • Miedo al abandono.
  • Distanciamiento.
  • Reconciliaciones repetidas.
  • Promesas de cambio incumplidas.
  • Dificultades para mantener decisiones.
  • Persistencia de responsabilidades desequilibradas.
  • Resentimiento.
  • Sensación de incapacidad para modificar la relación.

La intervención permite comprender los factores que mantienen estas dinámicas y valorar las posibilidades de cambio.

  1. Valoración del bienestar psicológico y de la continuidad de la relación

Una parte importante del proceso terapéutico consiste en valorar cómo está afectando la relación al bienestar individual y qué objetivos resultan adecuados.

En terapia se evalúan:

  • Satisfacción afectiva.
  • Seguridad emocional.
  • Autonomía personal.
  • Reciprocidad.
  • Confianza.
  • Respeto por los límites.
  • Consecuencias psicológicas.
  • Motivación de ambos miembros.
  • Posibilidades de cambio.
  • Diferencias en las expectativas.
  • Necesidad de intervención individual.
  • Conveniencia de continuar la relación.
  • Posibles situaciones de maltrato.
  • Necesidades de protección.

La terapia no tiene como finalidad mantener una relación a cualquier precio, sino favorecer una comprensión adecuada de las dificultades y del bienestar de las personas implicadas.

La importancia de diferenciar la codependencia de las situaciones de maltrato

Antes de abordar determinadas dinámicas relacionales, es fundamental evaluar si existen comportamientos de intimidación, control coercitivo o violencia.

En estas situaciones, las dificultades para establecer límites o abandonar una relación pueden estar relacionadas con amenazas, dependencia económica, aislamiento o miedo a las represalias.

Permanecer en una relación abusiva no demuestra codependencia.

La responsabilidad de la violencia corresponde a quien la ejerce y no debe atribuirse a una supuesta falta de autonomía o autoestima de la persona afectada.

Cuando existe maltrato, la prioridad es la seguridad y la atención especializada. La terapia de pareja conjunta puede estar contraindicada.

¿Existe un programa universal de doce pasos para superar la codependencia?

Existen programas de apoyo mutuo que utilizan estructuras de doce pasos para abordar dificultades relacionadas con la codependencia.

Sin embargo, estos programas no deben confundirse con un protocolo universal de psicoterapia ni con un tratamiento clínico de eficacia establecida para todas las personas que presentan dificultades relacionales.

La intervención psicológica profesional requiere una evaluación individualizada y puede integrar diferentes enfoques terapéuticos en función de las necesidades de cada caso.

Por ello, las doce áreas descritas en este artículo no representan una secuencia obligatoria ni un programa estandarizado de recuperación.

Su finalidad es explicar algunas de las dimensiones psicológicas que pueden abordarse durante el tratamiento.

¿Cuándo es recomendable solicitar ayuda psicológica?

La ayuda psicológica puede resultar recomendable cuando una persona experimenta dificultades persistentes para reconocer sus necesidades, establecer límites o mantener su autonomía dentro de una relación.

También puede ser conveniente cuando existe una sensación constante de responsabilidad por el bienestar de la pareja, miedo intenso al abandono, necesidad excesiva de aprobación o agotamiento emocional.

En algunas parejas, ambos miembros desean modificar patrones que generan sufrimiento y afectan a la convivencia.

En otras, puede resultar más adecuado un proceso de terapia individual.

El objetivo del tratamiento no consiste en eliminar las necesidades afectivas ni en alcanzar una independencia emocional absoluta.

Las relaciones saludables también incluyen apoyo, cuidado, compromiso e interdependencia.

El trabajo psicológico busca comprender cuándo estas necesidades se convierten en patrones perjudiciales y qué factores están contribuyendo a mantenerlos.

La recuperación de las dificultades relacionadas con la codependencia no sigue necesariamente una evolución lineal ni puede reducirse a un número determinado de pasos.

Cada persona presenta una historia, unas necesidades emocionales y unas circunstancias relacionales diferentes.

Por ello, la evaluación psicológica individualizada constituye un elemento fundamental para determinar el abordaje terapéutico más adecuado.

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria

Atención psicológica presencial en Vecindario (Gran Canaria) y terapia de pareja online.

Información y citas: 630 72 30 90

Web: psicologamariajesus.com

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


sábado, 7 de noviembre de 2026

ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Tratamientos prolongados con psicofármacos: ¿qué consecuencias pueden tener para el organismo?

 

Tratamientos prolongados con psicofármacos: ¿qué consecuencias pueden tener para el organismo?

Una reflexión sobre la depresión, la ansiedad y los efectos de la medicación a largo plazo.

Cuando una persona atraviesa una depresión grave o presenta un trastorno de ansiedad que se prolonga durante años, puede necesitar tratamiento farmacológico durante periodos extensos de su vida.

En algunas ocasiones, el tratamiento comienza con un antidepresivo o un ansiolítico. Si la mejoría no es suficiente, pueden realizarse ajustes de dosis, sustituirse un medicamento o incorporarse otros fármacos para abordar síntomas que continúan presentes. Así, algunas personas llegan a recibir varios psicofármacos de manera simultánea durante años.

Desde mi perspectiva como psicóloga sanitaria, considero importante reflexionar sobre una cuestión: ¿qué consecuencias puede tener para el organismo la exposición prolongada a diferentes psicofármacos?

Mi intención no es cuestionar los tratamientos médicos, que en numerosas circunstancias resultan necesarios y beneficiosos, sino explicar qué se conoce científicamente sobre sus posibles efectos adversos, algunos de los cuales pueden persistir tras finalizar el tratamiento.

Cuando los tratamientos se prolongan durante años

La depresión y los trastornos de ansiedad pueden presentar una evolución recurrente o crónica. Algunas personas experimentan episodios aislados, mientras que otras atraviesan periodos prolongados de síntomas que afectan a su vida personal, familiar, social y laboral.

En los cuadros más graves, los tratamientos farmacológicos pueden ser fundamentales para reducir el sufrimiento, prevenir recaídas y favorecer la recuperación. Cuando la respuesta es parcial, pueden utilizarse cambios de medicación, ajustes de dosis o combinaciones de fármacos.

La utilización simultánea de varios medicamentos se conoce como polifarmacia; si son psicofármacos, hablamos de polifarmacia psicotrópica. Puede estar clínicamente justificada, pero exige valorar interacciones, efectos adversos y la necesidad de mantener cada medicamento.

¿Qué ocurre en el organismo después de años de tratamiento?

Los psicofármacos actúan sobre distintos mecanismos biológicos del sistema nervioso, incluidos los relacionados con la serotonina, la dopamina, la noradrenalina y el GABA. Durante la exposición prolongada pueden producirse adaptaciones en receptores y sistemas de neurotransmisión.

Una adaptación fisiológica no equivale necesariamente a una lesión. Algunas modificaciones forman parte del efecto terapéutico y otras de las respuestas compensatorias del organismo. La preocupación clínica surge cuando aparecen efectos adversos relevantes, complicaciones orgánicas o síntomas que persisten.

Las benzodiacepinas y sus efectos a largo plazo

Las benzodiacepinas pueden utilizarse para determinadas manifestaciones de ansiedad, insomnio y otras condiciones. Su administración continuada puede producir tolerancia y dependencia física, además de afectar a la memoria, la atención, la coordinación y la velocidad de procesamiento.

Estos riesgos merecen especial atención en personas mayores, por la posibilidad de caídas y accidentes. Algunas dificultades cognitivas mejoran tras una retirada gradual y supervisada; ciertos estudios describen dificultades persistentes, aunque no siempre es posible separar el efecto farmacológico de otros factores.

La dependencia física no equivale necesariamente a adicción. Las benzodiacepinas no deben suspenderse bruscamente, porque pueden producirse complicaciones graves.

Antidepresivos: efectos que pueden continuar después del tratamiento

Los antidepresivos son importantes para tratar la depresión y algunos trastornos de ansiedad. En determinados pacientes su uso prolongado ayuda a prevenir recaídas.

Pueden aparecer efectos adversos sobre la función sexual, el sueño, el peso corporal y otros procesos fisiológicos. Muchos desaparecen al modificar o suspender el tratamiento, pero se han reconocido casos de disfunción sexual persistente tras ciertos antidepresivos serotoninérgicos. Asimismo, algunas personas presentan síntomas de retirada prolongados.

La persistencia de síntomas no demuestra por sí sola una lesión cerebral irreversible. Su frecuencia, mecanismos y evolución siguen siendo objeto de investigación.

Antipsicóticos y consecuencias metabólicas y neurológicas

En algunos cuadros depresivos resistentes y otras situaciones clínicas se utilizan antipsicóticos como complemento de otros tratamientos. Algunos pueden favorecer el aumento de peso, alteraciones de glucosa y lípidos y mayor riesgo cardiometabólico.

También pueden aparecer efectos neurológicos, como la discinesia tardía, caracterizada por movimientos involuntarios que en algunos casos persisten tras retirar el medicamento. Es un ejemplo documentado de posible efecto adverso duradero, aunque el riesgo varía según el fármaco y la persona.

¿Qué sucede cuando se combinan varios psicofármacos?

Las combinaciones pueden modificar los efectos de los medicamentos y, según los fármacos utilizados, incrementar la sedación, las dificultades cognitivas o determinados riesgos metabólicos y cardiovasculares.

No todas las combinaciones presentan el mismo riesgo. Además, quienes reciben tratamientos complejos pueden tener trastornos más graves, por lo que es difícil atribuir todos los problemas exclusivamente a la medicación. La polifarmacia no es por sí misma sinónimo de mala práctica, pero sí requiere revisión cuidadosa.

El hígado, los riñones y el sistema cardiovascular

Algunos psicofármacos pueden afectar a la función renal o hepática y al sistema metabólico y cardiovascular. Por ejemplo, el litio se asocia a riesgos renales y tiroideos que justifican controles periódicos. Algunos antipsicóticos pueden contribuir a complicaciones metabólicas con consecuencias duraderas.

Sin embargo, que un medicamento se metabolice en el hígado o se elimine por los riñones no significa que necesariamente lesione esos órganos. El riesgo depende del fármaco, la dosis, las interacciones, las enfermedades concurrentes y otros factores.

¿Pueden existir consecuencias orgánicas permanentes?

La evidencia reconoce efectos adversos persistentes de determinados psicofármacos y algunas complicaciones que pueden resultar irreversibles, como ciertos casos de discinesia tardía o de daño renal establecido. Algunas alteraciones metabólicas pueden contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas.

Una enfermedad aparecida durante un tratamiento no puede atribuirse automáticamente a ese tratamiento. Es necesario valorar la secuencia temporal, los factores de riesgo y la evidencia disponible. Tampoco es correcto afirmar que los años de medicación causan inevitablemente daño orgánico permanente.

La dificultad de distinguir la enfermedad de los efectos farmacológicos

La depresión prolongada puede acompañarse de fatiga, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas. La ansiedad también puede producir manifestaciones digestivas, musculares, cardiovasculares y cognitivas. Algunas coinciden con posibles efectos secundarios.

Por eso considero fundamental evitar conclusiones precipitadas y realizar una valoración individualizada que contemple el trastorno, la medicación, sus interacciones y posibles enfermedades físicas independientes.

La importancia de revisar los tratamientos a largo plazo

Una revisión periódica no implica necesariamente reducir o suspender medicamentos. En algunas personas mantenerlos durante años es esencial para preservar la estabilidad clínica.

El seguimiento permite comprobar beneficios, identificar efectos adversos, realizar controles cuando corresponda y evaluar si el tratamiento continúa ajustándose a las necesidades actuales. Las decisiones farmacológicas competen a los profesionales médicos responsables de la prescripción.

El papel de la psicoterapia en los trastornos de larga evolución

Como psicóloga sanitaria, considero que la psicoterapia puede ayudar a trabajar procesos emocionales, cognitivos, conductuales y relacionales que contribuyen al malestar, así como estrategias de afrontamiento, regulación emocional y prevención de recaídas.

En ocasiones constituye el tratamiento principal; en otras complementa la intervención farmacológica. No se trata de enfrentar disciplinas, sino de promover una atención coordinada y respetuosa con las competencias de cada profesional.

Reflexión final: tratar la salud mental también implica cuidar la salud física

Cuando una persona lleva años recibiendo tratamiento por depresión, ansiedad u otro trastorno mental, considero importante contemplar su salud de manera global.

La investigación ha identificado efectos adversos de determinados tratamientos prolongados, algunos persistentes y otros capaces de contribuir a complicaciones orgánicas duraderas. Reconocerlo no significa cuestionar la utilidad de los psicofármacos ni generar temor hacia ellos.

Significa comprender que toda intervención debe valorarse atendiendo tanto a sus beneficios como a sus posibles riesgos, sin olvidar que los trastornos mentales graves también pueden tener consecuencias importantes cuando no reciben una atención adecuada.

Cuidar la salud mental no consiste únicamente en reducir los síntomas psicológicos, sino también en prestar atención a la salud física, al bienestar general y a la evolución de los tratamientos a lo largo del tiempo.

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria

Nota: artículo exclusivamente psicoeducativo. No constituye una valoración médica o farmacológica individualizada. Ningún psicofármaco debe modificarse ni suspenderse sin supervisión médica.


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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


DEPRESIÓN Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Psicofármacos, metabolismo y aumento de peso

Psicofármacos, metabolismo y aumento de peso: consecuencias de los tratamientos prolongados

Una reflexión psicoeducativa sobre los efectos metabólicos de determinados antidepresivos y antipsicóticos, y las dificultades para recuperar el peso corporal después de años de tratamiento.

Introducción

Cuando una persona atraviesa una depresión grave, un trastorno de ansiedad persistente, ataques de pánico o un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), puede necesitar tratamiento farmacológico para aliviar sus síntomas y recuperar su bienestar.

En determinadas situaciones, especialmente cuando la respuesta inicial no es suficiente, pueden realizarse ajustes de medicación o incorporarse otros psicofármacos como parte del abordaje terapéutico. De esta manera, algunas personas llegan a recibir tratamientos combinados durante periodos prolongados, que pueden extenderse durante varios años.

Como psicóloga general sanitaria, considero importante abordar una cuestión que merece atención desde una perspectiva integral de la salud: los efectos que determinados psicofármacos pueden producir sobre el metabolismo, el peso corporal y la salud física, especialmente cuando se utilizan durante largos periodos.

Mi intención no es cuestionar la utilidad de los tratamientos farmacológicos ni las decisiones médicas, sino ofrecer información basada en la evidencia científica sobre unos efectos adversos documentados y que, en determinadas circunstancias, pueden tener consecuencias duraderas.

Cuando la depresión o la ansiedad requieren tratamientos farmacológicos prolongados

Los trastornos depresivos y de ansiedad no presentan la misma evolución en todas las personas. Mientras algunas experimentan una recuperación favorable en periodos relativamente breves, otras pueden presentar síntomas persistentes, recaídas o dificultades que requieren tratamientos de mayor duración.

En los casos de depresión resistente al tratamiento, por ejemplo, pueden utilizarse estrategias farmacológicas que incluyen la combinación de un antidepresivo con determinados antipsicóticos de segunda generación. También en algunos casos de TOC resistente se contempla la incorporación de un antipsicótico como tratamiento complementario.

Estas estrategias tienen indicaciones clínicas específicas y deben valorarse individualmente, considerando tanto los posibles beneficios como los efectos adversos.

Sin embargo, considero importante recordar que los medicamentos utilizados para tratar los síntomas psicológicos también pueden producir efectos sobre otros sistemas del organismo, incluidos los mecanismos que regulan el apetito, el metabolismo de la glucosa, el almacenamiento de energía y el peso corporal.

¿Por qué algunos psicofármacos favorecen el aumento de peso?

El aumento de peso asociado a determinados tratamientos psicofarmacológicos es un fenómeno ampliamente reconocido en la literatura científica.

Algunos antidepresivos pueden favorecer cambios ponderales, aunque sus efectos son variables y dependen del medicamento y de las características individuales. En el caso de determinados antipsicóticos de segunda generación, el riesgo puede ser considerablemente mayor.

Medicamentos como la olanzapina y la clozapina se encuentran entre los que presentan mayor potencial de aumento de peso. Otros, como la quetiapina y la risperidona, también pueden asociarse a incrementos significativos, aunque el riesgo no es idéntico.

La explicación no se limita a que la persona coma más o realice menos ejercicio. Determinados antipsicóticos pueden intervenir sobre sistemas neurobiológicos relacionados con la regulación del hambre, la saciedad y el equilibrio energético, incluidos mecanismos vinculados con receptores histaminérgicos y serotoninérgicos.

Estas modificaciones pueden favorecer un aumento del apetito, cambios en la conducta alimentaria y alteraciones en la regulación metabólica. Algunos medicamentos también pueden afectar a la sensibilidad a la insulina y al metabolismo de la glucosa y los lípidos.

Por tanto, considero importante explicar que el aumento de peso asociado a estos tratamientos no siempre puede entenderse únicamente desde los hábitos alimentarios o la actividad física. Existen mecanismos farmacológicos capaces de modificar procesos biológicos que intervienen en la regulación del peso corporal.

¿Significa esto que el metabolismo se vuelve más lento?

En ocasiones, las personas describen esta experiencia diciendo que sienten que su metabolismo se ha ralentizado. Aunque esta expresión resulta comprensible, desde el punto de vista científico es necesario introducir algunos matices.

No todos los antipsicóticos producen una disminución demostrable del metabolismo basal. El aumento de peso puede deberse a una combinación de mecanismos, entre ellos el incremento del apetito, los cambios en la ingesta energética, la disminución de la actividad física y determinadas alteraciones metabólicas.

Por ello, considero más preciso hablar de modificaciones en la regulación del apetito, el equilibrio energético y el metabolismo, en lugar de afirmar que estos medicamentos ralentizan inevitablemente el metabolismo.

Cuando el aumento de peso se convierte en obesidad

Uno de los aspectos que considero especialmente relevantes es que el aumento de peso asociado a determinados psicofármacos puede llegar a ser clínicamente significativo. En algunas personas, los cambios ponderales son moderados. En otras, pueden producirse incrementos importantes que contribuyan al desarrollo de sobrepeso u obesidad.

La obesidad constituye una condición de salud compleja en la que intervienen factores genéticos, hormonales, metabólicos, ambientales y conductuales. Cuando aparece durante un tratamiento farmacológico prolongado, es necesario valorar la posible contribución del medicamento junto con otros factores.

Además, el aumento de tejido adiposo, especialmente a nivel abdominal, puede relacionarse con alteraciones de la sensibilidad a la insulina, del metabolismo lipídico y del riesgo cardiovascular.

Desde una perspectiva psicológica, los cambios corporales también pueden afectar a la autoestima, la imagen corporal, la confianza personal y la calidad de vida. Considero importante que estas experiencias sean escuchadas sin culpabilizar a la persona ni reducir el problema a una cuestión de voluntad.

¿Qué ocurre cuando se suspende el medicamento? ¿Se recupera el peso anterior?

Esta es una de las cuestiones que más me interesa destacar. Podríamos pensar que, si un medicamento contribuye al aumento de peso, al retirarlo el organismo recuperará automáticamente su situación anterior. Sin embargo, la investigación científica muestra que esta recuperación no siempre es completa ni inmediata.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2021, que reunió 55 estudios y 12.279 participantes, analizó los cambios de peso después de reducir, suspender o sustituir determinados tratamientos antipsicóticos.

Los resultados mostraron que estas intervenciones podían favorecer una reducción del peso, pero que la pérdida media observada era relativamente pequeña. En los análisis antes-después, la reducción media fue de aproximadamente 1,13 kilogramos.

Este resultado debe interpretarse con prudencia, porque los estudios incluyeron diferentes intervenciones, medicamentos y periodos de seguimiento. No significa que una persona solamente pueda perder esa cantidad de peso ni que todas vayan a presentar la misma evolución.

Sin embargo, sí permite comprender que modificar o retirar un antipsicótico no garantiza recuperar automáticamente el peso que se tenía antes del tratamiento.

¿Por qué puede resultar difícil perder el peso ganado?

La regulación del peso corporal es un proceso complejo. Cuando una persona desarrolla obesidad, pueden intervenir mecanismos fisiológicos que dificulten la pérdida de peso y favorezcan su recuperación posterior.

Entre ellos se encuentran las adaptaciones del gasto energético, las señales relacionadas con el hambre y la saciedad y otros mecanismos de regulación del equilibrio energético. Estos procesos no son exclusivos de la obesidad asociada a medicamentos.

Por ello, una persona que haya desarrollado obesidad durante un tratamiento psicofarmacológico puede encontrar dificultades para recuperar su peso anterior, incluso cuando el medicamento ya no forma parte de su tratamiento.

No obstante, esto no significa necesariamente que el psicofármaco haya provocado una alteración metabólica irreversible. La dificultad para perder peso puede estar relacionada con diferentes mecanismos que requieren una evaluación individualizada.

¿Pueden mantenerse consecuencias metabólicas después de finalizar el tratamiento?

Determinados antipsicóticos pueden contribuir al desarrollo de alteraciones metabólicas, como resistencia a la insulina, cambios en los niveles de glucosa y modificaciones del perfil lipídico. Estas alteraciones pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

En algunas personas, los parámetros metabólicos mejoran después de modificar el tratamiento, especialmente cuando se acompañan de intervenciones adecuadas sobre la salud física. Sin embargo, cuando se ha desarrollado una enfermedad metabólica, su evolución puede requerir seguimiento y tratamiento a largo plazo.

Por ejemplo, una diabetes diagnosticada durante un tratamiento no necesariamente desaparece al suspender el medicamento. Esto tampoco significa que la medicación sea siempre la única causa de esa enfermedad.

La predisposición genética, la edad, los hábitos de vida, la evolución del peso y otros factores también pueden intervenir. Por tanto, considero importante diferenciar entre un efecto adverso reversible, una complicación metabólica que puede persistir y una enfermedad crónica cuyo origen puede ser multifactorial.

La combinación de antidepresivos y antipsicóticos

En determinados cuadros depresivos graves o resistentes al tratamiento pueden utilizarse antipsicóticos como complemento de los antidepresivos. Esta estrategia puede ofrecer beneficios clínicos en personas que no han alcanzado una respuesta suficiente con otros tratamientos.

Sin embargo, la utilización conjunta de varios psicofármacos requiere considerar los efectos adversos de cada medicamento y las posibles interacciones. Algunos antidepresivos también pueden asociarse a aumento de peso, aunque el riesgo y la magnitud varían considerablemente.

Por ello, cuando se combinan medicamentos con potencial de producir alteraciones ponderales o metabólicas, resulta especialmente importante realizar un seguimiento individualizado.

No sería científicamente correcto afirmar que todas estas combinaciones producen obesidad. Tampoco sería adecuado ignorar los riesgos metabólicos conocidos de determinados medicamentos.

La importancia del seguimiento de la salud física

Considero que uno de los aspectos más importantes de la atención integral de la salud mental es prestar atención a los posibles cambios físicos que aparecen durante los tratamientos prolongados.

En las personas que reciben antipsicóticos con riesgo metabólico, las recomendaciones clínicas contemplan controles periódicos del peso corporal y otros indicadores de salud, como la presión arterial, la glucosa, la hemoglobina glucosilada y el perfil lipídico, según el tratamiento y las necesidades individuales.

El objetivo es detectar precozmente posibles alteraciones y facilitar una intervención adecuada. En determinadas situaciones, el profesional médico puede valorar estrategias para reducir los efectos adversos, teniendo en cuenta la estabilidad clínica y los beneficios del tratamiento.

El impacto psicológico de los cambios corporales

Como psicóloga sanitaria, considero importante prestar atención no solamente a las consecuencias físicas, sino también a la experiencia emocional de las personas que experimentan cambios corporales significativos.

El aumento de peso puede afectar a la percepción de la propia imagen, la autoestima y la relación con el cuerpo. Algunas personas pueden experimentar frustración cuando intentan recuperar su peso anterior y encuentran dificultades que no comprenden.

En estos casos, considero fundamental evitar interpretaciones culpabilizadoras. El peso corporal no depende exclusivamente de la fuerza de voluntad: intervienen numerosos mecanismos biológicos y psicológicos, además de factores ambientales y sociales.

La intervención psicológica puede ayudar a abordar el malestar emocional, la imagen corporal, la autocrítica y las dificultades de adaptación que puedan aparecer. Sin embargo, no sustituye la evaluación médica de las alteraciones metabólicas ni el tratamiento específico que estas puedan requerir.

Una atención integral basada en la colaboración profesional

Los trastornos mentales graves pueden producir un sufrimiento considerable y, en determinadas circunstancias, requieren tratamientos farmacológicos prolongados. Reconocer sus posibles efectos adversos no significa cuestionar su necesidad.

Desde mi perspectiva profesional, considero que la atención integral debe favorecer la colaboración entre los profesionales de la medicina, la psiquiatría, la psicología y otras disciplinas sanitarias cuando resulte necesario.

La intervención psicológica puede contribuir al tratamiento de los procesos emocionales, cognitivos y conductuales relacionados con la depresión, la ansiedad y otros trastornos. Por su parte, la valoración farmacológica, la prescripción y el seguimiento de las posibles complicaciones orgánicas corresponden a los profesionales médicos competentes.

Ambas intervenciones pueden complementarse y contribuir a mejorar la calidad de vida.

Reflexión final

La investigación científica ha demostrado que determinados psicofármacos, especialmente algunos antipsicóticos de segunda generación, pueden favorecer un aumento importante del peso corporal y producir alteraciones metabólicas.

También sabemos que, después de modificar o suspender estos medicamentos, la recuperación del peso anterior no siempre es automática ni completa. En determinadas circunstancias, las complicaciones metabólicas desarrolladas durante el tratamiento pueden requerir atención médica a largo plazo.

Sin embargo, considero fundamental evitar generalizaciones. No todas las personas desarrollan obesidad, no todos los medicamentos presentan el mismo riesgo y no todas las alteraciones metabólicas son permanentes.

Mi intención al abordar este tema es contribuir a una mayor comprensión de la relación entre la salud mental, los tratamientos farmacológicos y la salud física.

Considero que una atención verdaderamente integral debe contemplar no solamente la evolución de los síntomas psicológicos, sino también los posibles efectos que los tratamientos prolongados pueden tener sobre el organismo y la calidad de vida.

Informar sobre estos riesgos desde el respeto profesional y el rigor científico no significa generar miedo hacia la medicación. Significa reconocer que las personas necesitan información comprensible, seguimiento adecuado y una atención sanitaria que contemple todas las dimensiones de su salud.


María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Atención psicológica presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online.

Nota: este artículo tiene una finalidad exclusivamente psicoeducativa. No constituye una valoración médica o farmacológica individualizada ni pretende sustituir las recomendaciones del profesional prescriptor. Los tratamientos psicofarmacológicos no deben modificarse ni suspenderse sin supervisión médica.

Referencias científicas

  1. Speyer, H., et al. (2021). Reversibility of Antipsychotic-Induced Weight Gain: A Systematic Review and Meta-Analysis. Frontiers in Endocrinology, 12, 577919. Consultar publicación.
  2. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Obsessive-compulsive disorder and body dysmorphic disorder: treatment. Guía CG31. Consultar recomendaciones.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Trastornos de ansiedad: síntomas, diferencias y relación con la depresión

  


Trastornos de ansiedad: síntomas, diferencias y relación con la depresión

¿Por qué la ansiedad puede manifestarse de formas tan diferentes? ¿Qué tienen en común la ansiedad generalizada, los ataques de pánico, la ansiedad social y el estrés postraumático?

La ansiedad es una respuesta emocional natural del ser humano. Todos experimentamos miedo, preocupación o nerviosismo ante determinadas circunstancias. Sin embargo, cuando estas respuestas se vuelven excesivas, persistentes o difíciles de controlar, pueden afectar significativamente a nuestra calidad de vida.

Como psicóloga, considero importante explicar que la ansiedad no constituye por sí misma un trastorno psicológico. Es una emoción que cumple una función adaptativa y protectora.

El problema aparece cuando nuestro sistema de alarma se activa de manera desproporcionada, permanece activado durante demasiado tiempo o nos lleva a evitar situaciones que necesitamos afrontar.

¿Cuándo se convierte la ansiedad en un trastorno?

Desde una perspectiva evolutiva, la ansiedad forma parte de nuestros mecanismos de supervivencia. Ante una amenaza, el organismo se prepara para responder mediante reacciones de lucha, huida o inmovilización.

Podemos hablar de un posible trastorno de ansiedad cuando aparecen características como:

  • Miedo o preocupación excesivos respecto a las circunstancias.
  • Dificultad para controlar las preocupaciones.
  • Estado frecuente de alerta o hipervigilancia.
  • Tensión muscular, palpitaciones o alteraciones del sueño.
  • Evitación de situaciones por temor a experimentar ansiedad.
  • Malestar psicológico significativo.
  • Interferencia en las relaciones personales, familiares, sociales o laborales.

La duración, la intensidad y las circunstancias en las que aparecen los síntomas son fundamentales para realizar una valoración clínica.

No todas las personas que experimentan ansiedad intensa presentan un trastorno psicológico. Por ello, es importante evaluar cada caso individualmente.

Dos dimensiones fundamentales de la ansiedad: miedo y preocupación

Aunque los trastornos de ansiedad presentan características diferentes, muchos comparten dos dimensiones psicológicas principales: el miedo y la preocupación.

El miedo: la respuesta ante una amenaza

El miedo es una reacción emocional que aparece cuando percibimos un peligro inmediato, real o imaginado.

Puede manifestarse mediante:

  • Sensación intensa de amenaza.
  • Palpitaciones y aceleración cardíaca.
  • Dificultad para respirar.
  • Sudoración o temblores.
  • Sensación de pérdida de control.
  • Necesidad urgente de escapar.
  • Ataques de pánico.
  • Conductas de evitación.

En algunos trastornos, como el trastorno de pánico o determinadas fobias, esta dimensión adquiere especial protagonismo.

La preocupación: anticipar lo que podría suceder

La preocupación está más relacionada con la anticipación de posibles amenazas futuras.

La persona puede experimentar:

  • Pensamientos repetitivos sobre acontecimientos negativos.
  • Dificultad para tolerar la incertidumbre.
  • Necesidad de anticiparse a posibles problemas.
  • Miedo a cometer errores.
  • Expectativas negativas sobre el futuro.
  • Dificultad para desconectar mentalmente.
  • Sensación persistente de inquietud.

Cuando estas preocupaciones son excesivas y difíciles de controlar, pueden convertirse en una fuente importante de sufrimiento.

Es importante señalar que miedo y preocupación no son procesos completamente independientes. Con frecuencia aparecen juntos y se refuerzan mutuamente.

¿Por qué los trastornos de ansiedad comparten tantos síntomas?

Una característica importante de los trastornos psicológicos es el solapamiento sintomático.

Esto significa que diferentes trastornos pueden presentar síntomas similares, aunque sus mecanismos psicológicos y sus manifestaciones clínicas no sean exactamente iguales.

Por ejemplo, una persona con ansiedad generalizada, otra con ansiedad social y otra con trastorno de pánico pueden experimentar dificultades para dormir, problemas de concentración o tensión muscular.

Sin embargo, el origen de sus preocupaciones y las situaciones que desencadenan sus síntomas pueden ser diferentes.

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza principalmente por preocupaciones excesivas y difíciles de controlar sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana.

Entre sus manifestaciones habituales encontramos:

  • Preocupación persistente por la salud, la familia, el trabajo o el futuro.
  • Inquietud y sensación de estar constantemente en tensión.
  • Fatiga.
  • Dificultades de concentración.
  • Irritabilidad.
  • Alteraciones del sueño.
  • Tensión muscular.

En este trastorno, la preocupación puede extenderse a numerosos ámbitos de la vida, incluso cuando no existen motivos objetivos que justifiquen su intensidad.

Trastorno de pánico

El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición de ataques de pánico inesperados y recurrentes, acompañados de preocupación persistente por sufrir nuevos episodios o de cambios conductuales relacionados con ellos.

Durante un ataque de pánico pueden aparecer:

  • Palpitaciones intensas.
  • Sensación de ahogo.
  • Mareos.
  • Temblores.
  • Sudoración.
  • Sensación de irrealidad.
  • Miedo a perder el control.
  • Miedo a morir.

Uno de los aspectos que puede mantener este trastorno es el miedo a las propias sensaciones corporales.

La persona comienza a interpretar determinadas respuestas fisiológicas como señales de peligro, aumentando así su ansiedad anticipatoria.

Trastorno de ansiedad social

La ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso a determinadas situaciones sociales en las que la persona considera que puede ser observada, evaluada o juzgada negativamente.

Entre sus manifestaciones encontramos:

  • Miedo a hablar en público.
  • Temor a hacer el ridículo.
  • Preocupación por cometer errores delante de otras personas.
  • Vergüenza intensa.
  • Miedo al rechazo o a la crítica.
  • Evitación de reuniones o encuentros sociales.
  • Ansiedad anticipatoria ante situaciones de exposición.

En este caso, el miedo suele estar relacionado con la posibilidad de recibir una evaluación negativa por parte de los demás.

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

El trastorno de estrés postraumático puede aparecer después de la exposición a acontecimientos traumáticos que cumplen determinados criterios clínicos.

Aunque actualmente se clasifica dentro de los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, comparte numerosas manifestaciones con los trastornos de ansiedad.

  • Hipervigilancia.
  • Sensación persistente de amenaza.
  • Alteraciones del sueño.
  • Sobresaltos intensos.
  • Dificultades de concentración.
  • Conductas de evitación.

Sin embargo, el TEPT presenta características específicas, como los recuerdos intrusivos, la reexperimentación traumática y las alteraciones negativas en las cogniciones y el estado de ánimo.

La ansiedad puede ser una manifestación importante del trauma, pero no explica por sí sola toda la complejidad del trastorno.

Ansiedad y depresión: ¿por qué aparecen frecuentemente juntas?

Uno de los aspectos más relevantes en psicología clínica es la relación entre los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos.

Aunque se trata de condiciones diferenciadas, comparten numerosos síntomas:

  • Fatiga.
  • Problemas de concentración.
  • Alteraciones del sueño.
  • Inquietud psicomotora.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para desarrollar actividades cotidianas.

Esta coincidencia puede dificultar la diferenciación clínica, especialmente cuando ambos trastornos aparecen simultáneamente.

Síntomas característicos de la depresión

En un episodio depresivo mayor destacan especialmente:

  • Estado de ánimo deprimido.
  • Pérdida de interés o placer.
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
  • Alteraciones del apetito o del peso.
  • Desesperanza.
  • Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio en algunos casos.

Síntomas característicos de la ansiedad

En los trastornos de ansiedad suelen predominar:

  • Miedo.
  • Preocupación excesiva.
  • Anticipación de amenazas.
  • Hipervigilancia.
  • Evitación.
  • Activación fisiológica.

Sin embargo, estas diferencias no siempre son evidentes.

Una persona con depresión puede presentar ansiedad intensa, mientras que otra con un trastorno de ansiedad puede desarrollar síntomas depresivos como consecuencia del sufrimiento y las limitaciones que experimenta.

Por este motivo, resulta fundamental valorar tanto los síntomas predominantes como su evolución temporal, su intensidad y las repercusiones en la vida cotidiana.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando experimentamos ansiedad?

La ansiedad implica la participación de diferentes regiones cerebrales y redes neuronales relacionadas con la detección de amenazas, la regulación emocional, la memoria y la anticipación de acontecimientos.

Dos de los sistemas estudiados en relación con el miedo y la preocupación son los circuitos relacionados con la amígdala y los circuitos córtico-estriado-tálamo-corticales.

La amígdala y las respuestas de miedo

La amígdala es una estructura cerebral que participa en el procesamiento de estímulos emocionalmente relevantes, especialmente aquellos relacionados con posibles amenazas.

Interviene en procesos como:

  • La detección de señales de peligro.
  • El aprendizaje emocional.
  • Las respuestas defensivas.
  • La asociación entre experiencias y estímulos amenazantes.

Su funcionamiento se relaciona con otras regiones cerebrales encargadas de contextualizar y regular las respuestas emocionales.

En determinados trastornos pueden observarse alteraciones en estas redes, aunque no existe un único patrón cerebral que permita explicar todos los casos.

Los circuitos relacionados con la preocupación

Los circuitos córtico-estriado-tálamo-corticales participan en diferentes procesos cognitivos y conductuales.

Algunos modelos neurobiológicos han propuesto su implicación en fenómenos como la preocupación repetitiva y determinados pensamientos intrusivos.

Sin embargo, la preocupación no depende exclusivamente de un circuito cerebral.

También intervienen procesos psicológicos como:

  • La intolerancia a la incertidumbre.
  • Los sesgos de interpretación.
  • La atención selectiva hacia posibles amenazas.
  • La necesidad de control.
  • Las dificultades para regular las emociones.

Actualmente sabemos que la ansiedad surge de la interacción entre múltiples sistemas cerebrales, factores psicológicos, experiencias personales y circunstancias ambientales.

Por tanto, no podemos reducir los trastornos de ansiedad a una alteración aislada de una región cerebral.

¿Por qué una misma persona puede presentar diferentes trastornos de ansiedad?

En la práctica clínica es relativamente frecuente encontrar personas que presentan síntomas compatibles con más de un trastorno.

Por ejemplo, una persona con ansiedad generalizada puede desarrollar ataques de pánico o presentar dificultades importantes en determinadas situaciones sociales.

Esto se conoce como comorbilidad cuando se cumplen los criterios diagnósticos de más de un trastorno.

Existen diferentes factores que pueden favorecerla:

  • Vulnerabilidad individual al estrés.
  • Experiencias adversas o traumáticas.
  • Estilos de pensamiento basados en la anticipación de amenazas.
  • Conductas de evitación mantenidas en el tiempo.
  • Dificultades de regulación emocional.
  • Factores biológicos y ambientales compartidos.

La presencia de varios grupos de síntomas no significa necesariamente que existan múltiples diagnósticos independientes.

Es necesario realizar una evaluación cuidadosa para determinar qué procesos están implicados y cuáles requieren intervención.

La importancia de tratar a la persona y no solamente al diagnóstico

Aunque las clasificaciones diagnósticas resultan útiles para organizar los síntomas y orientar las intervenciones, cada persona experimenta la ansiedad de una manera diferente.

Dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden presentar preocupaciones, respuestas fisiológicas, conductas de evitación e historias personales muy distintas.

Por ello, considero especialmente importante desarrollar una evaluación psicológica individualizada.

El objetivo no consiste únicamente en identificar un trastorno, sino también en comprender:

  • Qué situaciones desencadenan la ansiedad.
  • Qué pensamientos aparecen.
  • Cómo responde el organismo.
  • Qué hace la persona para intentar reducir su malestar.
  • Qué factores mantienen los síntomas.
  • Qué experiencias personales pueden estar relacionadas.
  • Cómo afecta todo ello a su funcionamiento cotidiano.

Esta comprensión permite establecer objetivos terapéuticos adaptados a las necesidades individuales.

Tratamiento psicológico de los trastornos de ansiedad

Los trastornos de ansiedad pueden abordarse mediante intervenciones psicológicas basadas en la evidencia científica.

La elección del tratamiento dependerá del diagnóstico, las características de la persona y los mecanismos que mantienen sus dificultades.

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Permite identificar y modificar patrones de pensamiento y comportamiento que contribuyen al mantenimiento de la ansiedad. Incluye procedimientos como la exposición gradual y el trabajo sobre interpretaciones amenazantes.

Terapia de aceptación y compromiso (ACT)

Favorece una relación más flexible con los pensamientos y emociones difíciles, reduciendo la lucha constante contra las experiencias internas y promoviendo conductas orientadas a los valores personales.

Mindfulness y regulación emocional

Estas estrategias pueden ayudar a desarrollar una mayor conciencia de las experiencias internas y mejorar la respuesta ante el malestar, como complemento de intervenciones específicas.

Intervenciones centradas en el trauma

Cuando la sintomatología está relacionada con experiencias traumáticas, pueden resultar indicadas terapias específicas basadas en la evidencia, como EMDR o la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma.

En determinados casos también puede ser recomendable una valoración médica o psiquiátrica para considerar el tratamiento farmacológico.

La intervención debe adaptarse siempre a las características clínicas y personales de cada paciente.

¿Cuándo es recomendable acudir a un psicólogo?

Es aconsejable solicitar una valoración profesional cuando el miedo, la preocupación o las respuestas de ansiedad comienzan a limitar nuestra vida cotidiana.

Por ejemplo, cuando:

  • Dejamos de realizar actividades por miedo.
  • Nos preocupamos constantemente por acontecimientos futuros.
  • Experimentamos ataques de pánico recurrentes.
  • Tenemos dificultades importantes para dormir.
  • Evitamos las relaciones sociales.
  • Sentimos que vivimos permanentemente en alerta.
  • La ansiedad afecta a nuestras relaciones, al trabajo o a nuestro bienestar emocional.

No es necesario esperar a que los síntomas alcancen una intensidad extrema para solicitar ayuda.

Una intervención temprana puede contribuir a prevenir la cronificación de determinadas dificultades.

Reflexión final: comprender la ansiedad para aprender a gestionarla

La ansiedad no es nuestra enemiga. Es una respuesta emocional que forma parte del funcionamiento humano y que, en determinadas circunstancias, nos ayuda a protegernos.

Sin embargo, cuando el miedo y la preocupación comienzan a dominar nuestras decisiones, limitar nuestras experiencias o generar un sufrimiento persistente, es importante comprender qué está sucediendo.

Los diferentes trastornos de ansiedad comparten mecanismos y síntomas, pero también presentan características particulares que deben tenerse en cuenta durante la evaluación y el tratamiento.

Como psicóloga, considero que comprender cómo funciona nuestra ansiedad es un primer paso importante para aprender a relacionarnos con ella de una manera más saludable.

El objetivo de la terapia no consiste necesariamente en eliminar todas las sensaciones de ansiedad, sino en desarrollar recursos que permitan afrontar las dificultades, reducir las conductas de evitación y recuperar una vida más satisfactoria.


María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Atención psicológica presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online.
Teléfono: 630 72 30 90
Página web: www.psicologavecindariomariajesus.com


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